En mi humilde opinión, el estado debe garantizar la educación y la integridad intelectual y moral de los jóvenes y debe defenderlos frente a cualquier abuso, incluidos aquellos que se produzcan por parte de los obispos subvencionados o de sus propios padres. La afición de los obispos a abusar de los jóvenes la conocemos por los oscuros acontecimientos protagonizados por la Iglesia Católica de los Estados Unidos. Ahora, los obispos subvencionados españoles pretenden poner en marcha un episodio masivo de abusos contra nuestros jóvenes, y quieren contar incluso con la complicidad de sus padres y madres. Algunos de ellos se han prestado gustosos a la operación.

Cerca de 3.500 personas han objetado a la asignatura de Educación para la Ciudadanía, una asignatura obligatoria en el plan de estudios español, que puede gustarnos o no, pero que debe ser considerada como las matemáticas o la historia: ineludible, si se quiere obtener el título académico correspondiente. Como todo, es discutible, pero de momento es así. Yo estoy de acuerdo con los contenidos de la asignatura -en especial con la importancia que parece que se ha dado en ellos a la presencia de una moral cívica en los planes de estudios- pero no entiendo muy bien por qué no se ha llamado simplemente Ética. La ética, obligatoria, para todos, y la religión, para los padres y para las parroquias.

Que 3.500 padres hayan permitido que sus hijos y sus hijas objeten a la asignatura de Educación para la Ciudadanía es una irresponsabilidad que raya en el delito. ¿Cómo es posible que haya 3.500 personas tan sectarias, tan fanáticas que permitan que sus hijos se conviertan en rehenes en el fuego cruzado de esta nueva batalla política que los obispos subvencionados le han planteado al gobierno? ¿Es tanto el odio de ciertos sectores de la derecha española que están dispuestos a sacrificar la educación de sus hijos y de sus hijas en una batalla política de los obispos subvencionados contra el Gobierno?

Parece que sí. Por eso, el Gobierno debe responder con rotundidad y sin sus complejos de costumbre a este plante de los obispos subvencionados adoptando, al menos, las siguientes medidas:

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