El Ayuntamiento de SartagudaA la par que el PSOE, en su conjunto, pone de manifiesto sus miedos y sus complejos con la forma en que está gestionando los resultados electorales navarros, Pepiño Blanco y Álvaro Cuesta lanzan unas ignorantes amenazas de expulsión contra el alcalde y otros tres concejales socialistas de la localidad navarra de Sartaguda. No parece importarles demasiado hacer el ridículo, porque ahora, lo que interesa en el partido del Gobierno es llevarse bien con el PP, cueste lo que cueste, al precio que sea. Incluida la grotesca amenaza de expulsar del PSOE a cuatro concejales de los cuales tres no pertenecen al partido. Pero bueno, el gesto queda, de cara al ala derecha.

En Sartaguda, Navarra, gobernaba la UPN -ya saben ustedes, el partido que durante meses ha sostenido la especie de que el Gobierno de la nación le había vendido Navarra a ETA por un plato de lentejas y dos mendrugos de pan- hasta que en las pasadas elecciones municipales dos candidaturas legítimas y legales -la de ANV, en concreto, estaba avalada por el Tribunal Constitucional, después de haber sido revisada con lupa y con muy mala leche- han arrebatado la mayoría absoluta a la derecha radical navarra. Ahora, el alcalde es socialista, si Blanco y Cuesta no le expulsan.

Porque es con lo que le han amenazado. Con expulsarle. Qué amenaza más ridícula oigan, dirigida a tres personas que no pertenecen al partido; qué amenaza más inútil, dirigida a un alcalde que ya ha aclarado que “no tengo ningún miedo a nadie por que no vivo de la política”, y qué amenaza mal educada que se ha dado a conocer a la prensa antes que al propio interesado.

Todo tiene su explicación, y no es ésta otra que el giro cobarde que está dando el PSOE hacia la derecha con el sólo objetivo estar a bien con el PP. Ahora han atrasado la Ley de Memoria Histórica con el peregrino argumento de que quieren pactarla con CiU, y han pactado con el PP -traicionando un acuerdo previo con IU- la Ley de Seguridad Nuclear. Pero dejemos este tema espinoso -ya se darán cuenta ellos por sí solos de que el PP no es un socio leal, sino que en cualquier momento les van a dar una puñalada trapera, y con la lucha antiterrorista como tema principal, y si no al tiempo- que hoy quiero poner en conocimiento de ustedes unos datos que me hace llegar don Xavier Atauri, nuestro hombre en Pamplona, sobre Sartaguda, el pueblo de las viudas, que seguro que les interesarán, y que ponen de manifiesto la importancia de la memoria histórica y la estrecha relación que mantiene con el presente.

El pueblo de las viudas

Sartaguda está situada en la Ribera de Navarra, al sur de la provincia y tenía en 1931 1.200 habitantes. Sus tierras eran de regadío y muy fértiles, pero el 79% de la población eran colonos del Duque del Infantado, quien daba o quitaba trabajo mediante su administrador, un cacique local llamado Ramiro Torrijos, que era quien realmente dominaba. En 1940, el censo consignó que sólo había en el pueblo 54 propietarios de tierras. Es decir, el 90% de la población estaba formada por jornaleros. A pesar de la insistencia de los Ayuntamientos republicanos, el administrador del Duque se negó en todo momento a fraccionar las tierras y ponerlas en renta.

El primer cuartel de la Guardia Civil que tuvo Sartaguda lo construyó, junto a un edificio de su propiedad, la casa ducal, en la plaza del pueblo, y lo regaló a la Institución el propio Duque. Construyó el cuartel y viviendas para los guardias. El cuartel y la casa ducal estaban comunicados interiormente. El edificio es hoy la casa consistorial y es curioso porque es un ayuntamiento que tiene en un lateral, y en su azotea, garitas de vigilancia, como en las cárceles. Desde ellas se domina la plaza principal del pueblo.

Muchas de las tierras y propiedades del duque no se cultivaban, y el Duque y su administrador se negaron en todo momento a que se cultivasen para aliviar la miseria de los habitantes del pueblo. Hubo enfrentamientos y un motín, y el administrador tuvo que abandonar el pueblo hacia 1933. Se cultivaron ilegalmente algunas tierras, aunque los trabajos solían ser interrumpidos por la Guardia Civil.

Durante la guerra civil fueron asesinados 86 varones de la localidad, por militar en UGT, CNT, por ser simpatizantes de las izquierdas, por haber sido concejales del Ayuntamiento republicano o por haber puesto a sus hijos nombres que no estaban en el santoral católico, como Libertad o Progreso. Treinta mujeres de Sartaguda fueron torturadas, el pelo rapado y obligadas a tomar aceite de ricino y a pasearse por las calles del pueblo mientras se iban de vientre debido al ricino. Todas las maestras del pueblo fueron depuradas.

La operación de castigo fue dirigida por carlistas y falangistas -éstos, que no existían en el pueblo durante la II República, llegaban de localidades cercanas-, al mando del administrador del Duque, y por elementos de la derecha. Durante dos años, las sacas se repetían cada dos o tres meses.

Los sacerdotes del pueblo también participaron en las delaciones. Que los obispos subvencionados de hoy dejen por un momento sus delictivas y sediciosas preocupaciones por la Educación para la Ciudadanía y nos den datos de los padres Manuel Arcaya y Francisco Ancín. Éste, ataviado con boina roja y armado con pistola, participó como voluntario en las batidas por los montes y riberas cercanas para localizar a izquierdistas escondidos. Sería interesante que el cardenal Cañizares nos dijese, si quiera por boca de sus portavoces don Federico, la Schilitin o Cesar Vidal si este curita bueno estará en el cielo, a la Derecha de Dios. La preocupación por las almas de los habitantes de Sartaguda era tal que obligaron a 33 niños a bautizarse. La mayoría de las familias purgadas fueron también expoliadas, de forma que salieron de la pobreza para entrar en la miseria.

Sartaguda se conoce desde entonces en Navarra como “el pueblo de las viudas”.

Hoy en día, en Sartaguda se está construyendo el primer monumento en Navarra a los represaliados por el franquismo: el Parque de la Memoria. Bastantes ayuntamientos y particulares están colaborando comprando bonos. Los ayuntamientos gobernados por UPN no han apoyado la iniciativa.

UPN es la franquicia regional del PP y jamás ha condenado la violencia franquista. Siempre que se les ha propuesto hacerlo han votado en contra o se han abstenido. Lógicamente, el voto que cosechan es en parte heredero de las ideologías que apoyaron el levantamiento contra la legalidad republicana. UPN, al no condenar la violencia terrorista, apoya el terrorismo cuando lo practican las derechas.

Que el PSOE impida que gobiernen las izquierdas en Sartaguda es una vergüenza para las personas decentes de cualquier ideología, pero especialmente para los votantes de izquierdas y los defensores de la recuperación de la memoria histórica, así como para los familiares de los más de 3.000 asesinados en Navarra.

ANV es un partido legal nacido en 1931 de una escisión del PNV y vuelto a legalizar en 1977. Ha permanecido en la legalidad durante los dos gobiernos de Aznar, y los gobiernos del PP lo indemnizaron por la incautación de su patrimonio durante la Guerra Civil. El concejal de ANV en Sartaguda es conocido y apreciado por todos, de todas las ideologías, ha sido examinado con lupa por el Tribunal Constitucional, junto al resto de lo integrantes de la candidatura y no se ha encontrado nada contra ninguno de ellos. Ya basta de que vayan llamando asesinos a quienes no tienen ni la malicia suficiente para poner una querella por difamación y se limitan, por toda defensa, a mostrar su incomprensión por el apelativo y a decir que “yo no he matado nunca ni a una mosca”.

UPN nació en 1979 como escisión de UCD para oponerse a la Constitución, agrupando a la ultraderecha y derecha navarras. Hoy dicen ser sus máximos defensores, aunque jalean a quienes incumplen la ley: por ejemplo, a los jueces que se niegan a registrar matrimonios homosexuales o a quienes dicen que van a impedir que los niños reciban la asignatura de educación para la ciudadanía.

El diputado y portavoz de UPN en el Congreso, Jaime Ignacio del Burgo, que ha dedicado los tres últimos años de su trabajo político a inventarse conexiones entre ETA y los islamistas que organizaron el 11-M -y, de paso, a desprestigiar a la policía y al sistema judicial español con sus calumnias e insidias- es un gran conocedor del fenómeno terrorista. Lógico, por otra parte, si se tiene en cuenta que su padre, Jaime del Burgo, era el dirigente más importante de la principal organización terrorista armada que ha funcionado en Navarra en toda su historia, incluyendo la actualidad: el Requeté. Jaime del Burgo fue detenido en varias ocasiones por actividades terroristas durante la II República, cuando participó en algaradas y tiroteos en Pamplona, pero consta que no asesinó a nadie en la retaguardia durante la Guerra Civil, ya que marchó al frente como soldado nada más producirse el golpe de estado. Sin embargo, la Comunión Tradicionalista y el Requeté contribuyeron significativamente a que Navarra fuese la provincia española que no fue frente de batalla donde más personas murieron asesinadas, entre un 15 y 16 por mil de sus habitantes. En Sartaguda, esta cifra asciende al 7 por cien.

Al menos 66 de los 86 asesinados de Sartaguda eran militantes de UGT y, por lo tanto, correligionarios de José Blanco. ¿Pedirá Pepiño disculpas por negar hoy a los socialistas del pueblo la posibilidad de que gobiernen de nuevo los herederos políticos de quienes asesinaron a sus ancestros? ¿Pedirá Pepiño disculpas a los socialistas de Sartaguda que, escandalizados por la expulsión de su alcalde, han decidido abandonar el PSOE y disolver la agrupación sartagudesa del PSN? No, supongo que no. Es más importante llevarse bien con el PP que con los socialistas.

Pues qué mierda.

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