Funcionarios de Nepal Airlines se disponen a sacrificar la cabra para el Boeing 757 en el Aeropuerto Tribhuvan Internacional en KatmandúYo les quiero decir hoy otra cosa que tiene que ver con lo que les dije ayer acerca del cortex cingulado anterior. Como ha señalado mi querido y admirado amigo Curro esta mañana durante el desayuno -pulga de salchichón con tomate y café con hielo, por mi parte y croissant a la plancha con café con leche por la suya, habiendo en el acto otros comensales que no cito, y cuya manduca no detallo por ser su concurso irrelevante para el tema que voy a tratar a continuación- parece que nos encontramos ante una embestida de la reacción que nos va lanzando sus dogmas, poco a poco, camufladas de verdades científicas.

Así, estos días hemos aprendido que ser de derechas o de izquierdas puede depender de una circunstancia fisiológica congénita sobre la que apenas tenemos capacidad de influencia, como ser negro, cojo, pelirrojo o alto. Ahora, y según sé por el magnífico y madrugador blog de don Hugo -como supe, por cierto, lo del cortex por don Antonio, que parece que anda ofuscado porque no le cito-, nuestros chamanes batiblancos han averiguado que durante a principios del siglo XIX se produjo una mutación genética en el género humano que hizo posible la la revolución industrial. En pocas palabras, aparecieron los genes de rico, y claro, como los ricos comen más que los pobres, y tienen una salud mucho mejor, y una mayor resistencia a las enfermedades, que para eso son ricos, pues el gen se convirtió en gen dominante y los ricos se adaptaron mejor que los pobres, y aquí estamos, todos ricos y bien adaptados, y a los pobres los tenemos en el extranjero, al otro lado de nuestros magníficos muros, y además teñidos de negro, para que se les vea mucho cuando vienen a quitarnos nuestros genes y podamos echarles más cómodamente.

Pero no es esto de lo que yo quería hablarles. Esta mañana, Curro, que no en vano ha sido alumno de don EP, y eso deja impronta, ha sentenciado con brillantez que estos sucedidos que comentamos ponen de manifiesto algo curioso: que igual que el universo está en constante expansión, pero en algún momento se colapsará y comenzará a contraerse, según anuncian, agoreros, los astrónomos, pues el pensamiento humano se ha colapsado ya también y ha iniciado el camino inverso al que impone la razón, y si desde el principio de los tiempos transitábamos del mito al logos, hemos pegado ya la vuelta -como en la canción de Pimpinela- y vamos del logos al mito.

Y hay señales en el cielo que nos indican que esto es cierto: los descubrimientos científicos antedichos, son sin duda dos señales, aunque quizás lo sean un poco confusas. La que no es confusa en absoluto es la que nos ha dado la cúpula directiva de las Líneas Aéreas Nepalíes, que han adoptado una solución curiosa a un problema grave que se les presentó cuando dos ingenieros de la compañía y sus correspondientes asistentes técnicos fueron incapaces, después de días de trabajo, de arreglar el sistema anticongelante de un Boeing 757, el único operativo de la compañía, y propusieron una solución imaginativa, novedosa e inesperada: sacrificar dos cabras a Kal Bhairab, el dios nepalí de la destrucción. Y hay que decir que la cosa tuvo un éxito considerable. Después de la inmolación caprina, y por si las moscas, los funcionarios de la compañía, que llevaron a cabo el sacrificio ritual en un hangar, acompañados por la cúpula directiva en pleno de las líneas aéreas, esparcieron la sangre de los inocentes animalitos en el morro del avión. Así consiguieron aplacar las iras de don Kal Bhairab, y el aeroplano cosiguió surcar los aires entre Katmandú y Hong Kong sin sufrir daño alguno. Aquí pueden leer una completa crónica del sucedido, sobre cuyo aviso me pone Margarita, propietaria de la bonita e inquieta perra Zarza.

Y todo esto, por no hablar del debate de las camisetas en el Parlamento, que eso sí que es mito.

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