Me ha sorprendido gratamente el último artículo de don EP, en el que reflexiona sobre si la idea que el Presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, tiene sobre el Estado, y sobre todo, su práctica política, son de carácter socialdemócrata, o tienen más bien un carácter populista. Magnífica la primera parte, en la que define muy claramente la socialdemocracia y sus diferencias con el liberalismo. Esclarecedor su análisis de la política económica del gobierno, y sus cuatro pilares -las políticas industrial, laboral, fiscal y financiera-, para sacar a la luz las invisibles diferencias entre la política económica del PSOE y la del PP. Pero hierra, en mi opinión, en su última parte, relativa a las políticas sociales del Gobierno

En cualquier caso, resultan tranquilizadores sus últimos párrafos, que reproduzco, porque me parece justo, ya que desde aquí se le ha acusado en ocasiones de -seguro que sin buscarlo- favorecer las posiciones del Partido Popular:

¿Quiere esto decir que Zapatero no es demócrata? Por supuesto que no. Zapatero es un demócrata pero su idea de estado es el caudillismo americano del PRI. El estado es una máquina que no se diferencia del gobierno y éste, a su vez, es quien dicta en el partido. Esta legislatura no es sino el inicio de este modelo que se desarrollará en la próxima si gana. Lejos, muy lejos, de la socialdemocracia.

¿Votar entonces al PP? Pues en un próximo artículo analizaremos la idea de estado de Esperanza Aguirre, olviden ya a Rajoy, y verán que el miedo es el mismo. ¿Estado liberal? Y un cuerno. Pero, eso en otro momento que ya nos hemos aburrido bastante.

Las diferencias con el análisis realizado por don EP vienen, sin embargo, cuando analiza las políticas sociales de Rodríguez Zapatero. A juicio de don EP, Zapatero comete dos pecados o dos faltas: por una parte se comporta de manera caudillista al “conceder” derechos, de los que, como bien apunta en su artículo, sólo puede ser garante, puesto que esos derechos “pertenecen y surgen” directamente de la persona y de la sociedad. Por otra parte, cree don EP que Zapatero orienta sus políticas sociales a generar, al más puro estilo caudillista, nichos de voto cautivo.

Son, precisamente, las políticas sociales de José Luis Rodríguez Zapatero las que ha provocado que yo, y muchas personas como yo, que no somos militantes ni votantes socialistas, hayamos apoyado al Gobierno durante esta última legislatura. Las políticas sociales de Zapatero son insuficientes, en ocasiones son meramente declarativas o propagandístcias -los 2.500 euros por niño o niña-, porque, como ha puesto de manifiesto Izquierda Unida, no van apoyadas por las correspondientes partidas presupuestarias que permitan desarrollarlas, pero suponen, sin duda alguna, un quiebro en la tendencia política conservadora, ultraliberal e insolidaria dominante en España en la última década.

Creo que se equivoca don EP en las dos críticas que hace a las políticas sociales de Zapatero. La primera equivocación es -creo- más una trampa dialéctica que un error, porque necesita partir de ella para llegar a la conclusión de que el verdadero objetivo del Presidente del Gobierno es generar bolsas de voto cautivo. Y es que considerar que medidas concretas, como subir las pensiones, pongamos por ejemplo, es reconocer derechos sociales, constituye como mínimo una exageración. Una de las obligaciones del estado socialdemócrata -del estado a secas, prefiero decir- es garantizar los derechos sociales, como muy bien señala don EP. Y al adoptar políticas sociales el estado lo que hace es tomar medidas que contribuyan a garantizar los derechos, en ocasiones incluso intenta reconocer la existencia de ciertos derechos cuestionados desde sectores políticos enfrentados, para empezar a garantizarlos -la vivienda, por ejemplo, al margen de los posibles errores- pero no los concede, porque como muy bien apunta don EP, esos derechos son inherentes a la persona.

Por ello, acusar a Zapatero de caudillista por subir las pensiones parece excesivo, y además, sería aplicable a todos los gobernantes que antes han adoptado cualquier medida social. Y eso mismo ocurriría con la acusación al presidente del gobierno de estar generando bolsas de votos cautivos por contribuir, con más o menos sinceridad, con más o menos medios, o sólo con propaganda, que ese sería otro debate, a mejorar la situación de colectivos sociales determinados.

En mi opinión la crítica que hay que hacer a Zapatero no es formal, como hace don EP: si sube las pensiones, se garantiza el voto cautivo de las personas que dependen de ellas, si facilita el acceso a la vivienda, se garantiza el voto cautivo de los jóvenes o si dota de presupuestos la ley de dependencias, lo que consigue es el apoyo de los enfermos y de sus familias. Esa crítica es mezquina, porque siempre está a disposición de cualquiera que quiera no criticar, sino evitar las políticas sociales. Además, es legítimo, lógico, natural y sano que quien resulta beneficiado por las políticas del gobierno, apoye al partido que lo sustenta.

La crítica que hay que hacer a Zapatero, y creo que esa es precisamente la crítica que Izquierda Unida hace al Gobierno (1, 2, 3, 4, 5), es la falta de una política economía realmente progresista -léase socialdemócrata- que permita un volumen de ingresos suficientes al estado para garantizar el gasto público que precisan las políticas sociales. Mayor progresividad fiscal, combate del fraude, uso de las políticas fiscales para favorecer una industria sólida, guerra a la especulación…

No faltarán liberales indignados que en los comentarios, disfrazados de profesores de economía, me dirán que se enfriará la economía, que subirá la inflación, que todas esas recetas son insostenibles porque han fracasado en el pasado. Es posible, pero el caso es que sus recetas, la recetas liberales, están fracasando en el presente.

Y si no, echen un ojo a su entorno.