La máquina de hacer pollos al´ast, uno de lo sinventos del siglo…Una cosa que siempre me ha hecho mucha gracia es que los antiguos -me refiero a los que vivieron durante el cambio del siglo XIX al XX- hablaban de “el siglo” cuando querían hacer referencia a su tiempo en la medida en que era portador de cambios que les llamaban la atención. Hoy les voy a hablar del siglo. Y lo voy a hacer atendiendo el llamado que me hace Romenauer. Hace tiempo que no suelo responder a los memes. Me cansan, me parecen absurdos, y al final terminamos todos inmersos en una especie de círculo vicioso del que no podemos salir porque según respondemos un meme, nos llega otro, o a veces el mismo, que vuelve por ruta alternativa. Así que, en atención a Romenauer, destacado líder del Frente Marxista Español, como todo el mundo sabe, responderé al que me ha lanzado, aunque no se lo lanzaré yo por mi parte a nadie, probablemente para librar a algunos destacados bloggers como don EP, don Victor, don Curro o don Berlin, don Luis o don Antonio (a ver si cuela) de tener que responderme, porque ellos, seguro que estarían entre mis elegidos.

Al grano, pues, y espero que ésto termine rápido: me piden que detalle siete maravillas del mundo moderno y yo, que no quiero ser demasiado ceremonioso y ponerme a hablar de la penicilina y el genoma, que tantas vidas han salvado, ni de cosas por el estilo que seguro que ya se les han ocurrido a otros más listos que yo, pues les voy a detallar siete de las maravillas subjetivas de mi mundo moderno. Cada cual interpreta los memes como le parece oportuno, y a mí se me ha venido a la real gana intepretar éste de la manera descrita. Así que me pongo a ello:

  1. La máquina de hacer pollos al´ast. Todo un hallazgo culinario, esta maquinita. ¡Qué pollos salen de ella! Y qué salsa la de los pollos, oigan, qué salsa. Yo tengo una cerca de casa y no pasan dos o tres semanas sin que me haga con uno de esos pollos doraditos y bien tostados -¡doble de salsa, por favor!- y lo engulla con gula y sin aplicar ninguna de las normas de educación que en la mesa son propias de las sociedades civilizadas como las nuestras.
  2. Google. Oigan, es que ya no se puede vivir sin Google. Ahí se encuentra de todo, hasta la autoestima. Pruebe a buscarse a sí mismo. Se sorprenderá de lo importante que es.
  3. Las bolsitas de caca de perro. Un importante invento que ha convertido los bordillos de las aceras en elementos urbanos absolutamente fuera de contexto y desprovistos de toda utilidad. Hace quince o veinte años las calles estaban siempre repletas de gente malhumorada que restregaba las suelas de sus zapatos contra el bordillo de la acera en un intento tan oloroso como inútil por librarse de la mierda de perro que acababan de aplastar alegremente. Eso ya no se ve porque los amos de los perros utilizamos ahora unas bolsitas que pone el Ayuntamiento a nuestra disposición de manera gratuita -con permiso de Ramoncín- para que retiremos las cacas de nuestros canes de la vía pública. El invento ha sido un éxito, y estas bolsas las usa ya todo el mundo, menos un señor calvo y muy maleducado que vive en la calle Vallehermoso y que nunca recoge las deposiciones de su antipático caniche blanco.
  4. Victoria, un imperio bajo el sol. Es un magnífico juego de estrategia que simula el siglo XIX. Si a usted le interesan la política y la historia, pruébelo. Yo tengo que limitarme en su uso, porque envicia mucho, y una partida puede durar varias semanas. No hay que matar a ningún marciano, ni disparar. Sólo ponerte al mando de uno de los estados que existían en 1836 y controlar todo tipo de variables políticas, económicas, sociales…
  5. Izquierda Unida. No me pueden negar ustedes que una formación política en la que hay más corrientes y sensibilidades que militantes es, sin duda, una de las maravillas del mundo moderno.
  6. El Brillante, esa magnífica cadena de bares madrileños -Atocha, Eloy Gonzalo son mis favoritos- en los que abundan los zarajos de Cuenca, los pinchos de bacalao y, sobre todo, los bocadillos de calamares. Babeo de pensar en ellos. Pero lo más sorprendente de estos bares son sus camareros, que se saben de memoria la carta. Va usted, pide un bocadillo de calamares y el camarero, solícito grita, mirando a la cocina: “¡Un veinteeeeee!” Y al poco, aparece el emparedado solicitado, y así con más de 40 bocadillos, entre los que se encuentra uno muy raro, pero muy rico: el de gambas con gabardina. Y por supuesto, panceta -muy tostadita, por favor-, bacon con o sin queso, salchichas del país con pimientos, y de frankfurt con nosequé…
  7. Y, finalmente, esta bitácora. No necesita explicación.

Venga... meta ruido por ahí



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