Che GuevaraEl País no necesita hacer el payaso para sobrevivir. El País es un periódico serio, muy bien hecho, profesional y respetado. Quienes compramos otros periódicos en ocasiones, o recientemente todos los días, no vamos a dejar de comprar El País. Soy suscriptor de El País. El País es mi periódico y es poco probable que vaya a dejar de serlo. Y por lo que tengo hablado con otras personas que también son lectoras de El País, esa es la actitud de mucha gente. Por eso, dan mucha pena cosas como el editorial innecesario, gratuito y enteramente desprovisto de razón en el que hoy glosa la figura de Ernesto Che Guevara.


Ernesto Che Guevara no es un santo de mi devoción. No tanto por él mismo, como por el uso contradictorio que se hace de él como icono comercial por una parte, y por otra como “santo civil” de ciertos sectores de la izquierda que dicen con mucha seriedad y desparpajo que deberíamos aprender de cómo se hacen las cosas en Cuba. Sin embargo, el editorial de hoy de El País me parece falso e injusto, y sobre todo me parece innecesario, porque da la impresión de que está escrito sin convencimiento, pero con la necesidad de abrirse camino a codazos en cierto sector del mercado más escorado a la derecha.

Ernesto Che Guevara no era otra cosa que un hombre de su tiempo, un personaje que percibió la terrible injusticia en que vivía la mayor parte de la población en América Latina y actuó como creía que tenía que actuar. Tenía razón, por lo tanto. Me dirán algunos que Pinochet o Franco también actuaron como creían que tenían que actuar, y probablemente sea cierto. Lo que ocurre es que estos dos personajes no tenían razón, porque lo que buscaban era perpetuar la injusticia. ¿Se equivocó Che Guevara? Quizás, como todos. ¿Era un criminal? En mi opinión, no.

Los norteamericanos, los ingleses, los soviéticos, los franceses ocuparon Alemania y mataron a mucha gente durante la segunda guerra mundial, guerra que según la versión edulcorada que nos ha contado Hollywood estalló porque las potencias democráticas decidieron que muchos de sus jóvenes ciudadanos entregaran sus vidas y se las quitaran a otros por las ideas de la libertad y la igualdad. No sé si eso, a juicio del editorialista de El País, convierte en caudillos iluminados a todos los soldados aliados que murieron y mataron en dicha guerra.

Juzgar a los que vivieron y actuaron en la historia antes que nosotros con nuestros criterios actuales es una grave falta de rigor que convierte -por citar un ejemplo- a los monarcas ilustrados en sanguinarios tiranos. Juzgarles por lo que pudieron haber sido de no haber muerto en el momento en que murieron, es una terrible injusticia. Y eso es, precisamente, lo que ha hecho el editorialista de El País, en mi opinión, movido por motivos que van más allá que el simple impulso editorial y que se acercan a los intereses empresariales de la empresa para la que trabaja, algo que es un pecado muy grave en un periódico que se presenta como independiente, a pesar de que dichos intereses puedan ser legítimos y perfectamente defendibles con mayor transparencia.

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