Vuelvo de Lisboa, donde he pasado el puente de la Patria, y mientras me preparo la cena -carrilladas de gorrino al horno-, escucho a unos mendas discutir sobre la seguridad de los trabajadores del transporte por carretera. Al parecer estamos empezando la Semana Internacional contra la Siniestralidad Laboral en el Transporte por Carretera, con motivo de la cual se están conociendo datos interesantes. Entre ellos, que este año se ha incrementado la mortalidad de conductores de furgonetas en más de un 13 por ciento, o que los accidentes de camiones de más de 3.500 kilos se han incrementado en un 25 por ciento. Por la Dirección General de Tráfico, sabemos que en 2006 murieron víctimas de accidentes laborales 283 conductores y 1.200 resultaron heridos graves. Los sindicatos consideran que estas cifras están sesgadas a la baja, ya que en muchas ocasiones los accidentes laborales se diluyen en las estadísticas generales de accidentes de tráfico.

Es terrible e insultante comparar estos datos con las condiciones laborales en las que se tienen que desenvolver los trabajadores del transporte por carretera, con jornadas de más de 80 horas, según denuncian los sindicatos, muchas de ellas durante la noche; con periodos de descanso irregulares e insuficientes, y con todo tipo de presiones para cumplir los horarios de carga y descarga. Más insultantes aún resultan estas cifras si se comparan con los beneficios de las empresas a las que sirve el sector de transporte por carretera. Según los datos del Banco de España, los beneficios ordinarios netos de las empresas no financieras -es decir, en buena parte las empresas usuarias de los servicios de transporte por carretera, las empresas que imponen los horarios y los plazos de entrega que les cuestan la vida a los camioneros- crecieron en 2004 un 21,7 por ciento, y en 2006 un 25 por ciento. A pesar de estos incrementos, los gastos de personal tan sólo crecieron un 2,9% en 2004, frente al 3,9% de 2003.

Pues no sé yo, pero por volver al tema de la siniestralidad laboral en el transporte por carretera, igual el gobierno socialista debería comportarse como un gobierno socialista y no como un gobierno liberal, y obligar a las empresas a invertir en seguridad parte de los beneficios obtenidos directamente de la siniestralidad laboral. Se me ocurren algunas medidas, pero doctores tiene la iglesia -espero que doctores socialistas- a los que seguro que se les ocurren otras. Ahí van un par de ellas: prohibir las jornadas estajanovistas y obligar -sí, he dicho obligar, de manera intervencionista y soviética, si es preciso- a las empresas a poner dos conductores para cualquier transporte que deba cubrir un recorrido de más de 500 kilómetros, con intervención de la Guardia Civil en caso de que se incumpla esta norma. Como si fuera Batasuna sorprendida en delito flagrante. Porque quizás se debería estudiar también el procesamiento sistemático de todo empresario cuyos trabajadores sufran un número elevado de accidentes laborales en determinados sectores, como la construcción o el transporte.

Una comparación, para terminar: en 2006 hubo 283 víctimas de empresarios sin escrúpulos en las carreteras españolas. En 2006 hubo dos víctimas de ETA. Igual hay que actuar también con contundencia contra la siniestralidad laboral y sus causantes.

Es por decir algo.

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