Ismael SerranoNacho Abad Andújar
Madrid Sindical

Han pasado diez años desde que Ismael Serrano (Madrid, 1974) pegara una magnífica sacudida al panorama de la canción de autor con Atrapados en azul. Aquel disco vibrante, hermoso y soñador, compuesto con apenas 23 años, incluía temas de gran alcance poético como Papá, cuéntame otra vez, escrita por su hermano Daniel, todo un “himno” musical con aires de “bronca generacional” con el que se identificaron miles de espectadores que veían en el trovador de Vallecas a un digno relevo de sus antecedentes: Aute, Serrat, Pablo Guerrero y compañía. Público heterogéneo acudía a sus conciertos: poetas como Luis García Montero y jueces como Garzón se sentaban a escucharlo. Han pasado diez años, ya se ha dicho. Y ahora, con 33, casado, aficionado al mus y los cómics -su perro se llama Hadock en recuerdo al capitán de Tintín-, acaba de editar su séptimo trabajo, Sueños de un hombre despierto. Trece canciones nuevas, y la colaboración especial en una de ellas de Mercedes Sosa.

El 20 de octubre Serrano retoma la carretera, después de dos años y medio sin disco. En Madrid ya se han agotado las localidades para los dos conciertos del 24 y 25 de noviembre. Pocos cantautores de los que surgieron en la década de los noventa han resistido tan meritoriamente el paso del tiempo y han permanecido tan fiel a sí mismo. Y si en España le va bien, en países como Chile o Argentina es todo un fenómeno cultural. Su intensa relación con América Latina, a cuyas ciudades, gentes y revoluciones canta sin descanso (Vine del norte o A las madres de la plaza de Mayo), le ha permitido, además, protagonizar la película El hombre que corría tras el viento, cuyo guión ha escrito junto al director Juan Pablo Martínez. Si las distribuidoras no le dan la espalda, la cinta se podrá ver el año que viene en nuestro país.

P. ¿De dónde sale Sueños de un hombre despierto?

R. La clave del título es una frase atribuida a Aristóteles, que de no ser cierta la atribución debiera serlo, que dice que la esperanza es el sueño de los hombres despiertos. A mí me gusta mucho el concepto de disco como trabajo que define un momento creativo y vital del que firma las canciones, un conjunto de emociones que sitúan al compositor en un momento de su historia personal y colectiva. Con estas canciones me di cuenta de que, aún cuando retrataba una realidad dura, siempre quedaba un poso de esperanza, una ventana por la que mirar. La esperanza como certeza de un futuro mejor, y no como espejismo o ilusión que nos mantiene en el letargo. La esperanza en esos sueños que te movilizan. El disco hace referencia a la necesidad de estar despierto, atento a la realidad, tomando conciencia de ella, y en ese estado de vigilia ser capaz de soñar. Y sobre todo de percibir ese sueño.

P. ¿Y con qué sueñas cuando estás despierto?

R. Sueño con sentirme acompañado. La música es un lugar de encuentro entre una gente que comparte una emoción, un sentimiento, un amor, un desamor o una disidencia. Un compartir quizá no tanto las respuestas pero sí muchas preguntas entorno al momento que nos toca vivir. Sueño con que la música consiga romper la atomización a la que se ve condenada la sociedad y cree puentes de diálogo entre unos y otros. Sueño con que se rompa la burbuja que nos aísla.

P. ¿Le tienes fe a la humanidad?

R. Le tengo fe al ser humano porque creo que forma parte de su naturaleza ambicionar un mundo mejor. Ahora vivimos en conflicto con nuestra propia naturaleza, desincronizados unos de otros. Estamos perdiendo algo que nos define, nuestra esencia de animal social. Aunque sólo sea por el instinto de conservación más primario tenemos que reformular las reglas del juego.

P. ¿Y hay espacio para hacerlo?R. Es inevitable. Estamos asistiendo, aunque suene un poco visionario, al renacer de una conciencia colectiva.

P. ¿Dónde percibes ese cambio?

P. Hay pequeñas señales. En momentos de crisis se evidencia de forma clara, como lo sucedido entorno a la guerra y las movilizaciones a escala planetaria. Lo veo en el hecho de que los grandes líderes mundiales tengan que reunirse en cumbres acorazadas. Lo veo en toda la sensibilidad altermundista que está generando una duda de corriente ideológica donde convergen sensibilidades que luchan en diferentes ámbitos pero comparten una pregunta y se cuestionan el mundo en que vivimos. Hay una diferencia entre mi generación y la de mis padres, que era la generación de los dogmas, con sus respuestas inequívocas a las preguntas, esa la época de los partidos convencionales anterior a la caída del muro de Berlín. A nosotros nos diferencia que, si bien compartimos algunas preguntas, hemos descubierto que hay varias respuestas. De ahí la heterogeneidad del movimiento altermundista.

P. Hace diez años fue la gran eclosión de los nuevos cantautores: Pedro Guerra, Rosana, Quique González, tú… ¿Fue una mera coincidencia ese renacer de la canción de autor o existían inquietudes compartidas?

R. Hay muchas cosas que nos unen, aunque sólo sea por las referencias musicales. Crecimos escuchando a Serrat, Aute, Sabina, Silvio. Somos la generación del desencanto. Era un momento, en Madrid, de efervescencia musical. Se abrían locales para hacer música en directo, aunque algunos sólo duraban un fin de semana. Pero pasábamos todos por ahí.

P. ¿Y qué ha quedado de todo eso, qué es lo más salvable?

R. No se puede hablar de movimiento. Si bien hay una admiración y amistad mutua, no había ese intercambio que define un movimiento musical. Como hijos de nuestra generación, quizá pecamos de individualismo, y lo seguimos haciendo. Pero sí se comparte un lenguaje musical, aunque con miradas propias e influencias diversas. Y algunos seguimos vivos. Y vienen otros, que tratan de aprovechar ese circuito de cantautores que se ha establecido, aunque hoy por hoy la gente más joven lo tiene más jodido que hace diez años porque las radios convencionales se han vuelto más herméticas para las novedades, y no sólo para la canción de autor. La industria musical ha perdido la mirada a largo plazo que necesita la canción de autor, en tanto en cuanto un cantautor no basa su éxito en un hit radiofónico o un momento televisivo, sino en una trayectoria y coherencia que se van construyendo con el tiempo. Y esa mirada a largo plazo en un modelo de mercado en el que todo es objeto de consumo para usar y tirar deja poco espacio para otra forma de entender el oficio. Pero siguen quedando huecos y resquicios, y sobre todo, gente que demanda este tipo de música.

P. ¿Qué le da Ismael Serrano a América Latina para que en países como Chile o Argentina sea todo un referente cultural?

R. A esa pregunta no tengo respuesta.

P. Pues, ¿qué recibes tú?

R. Los momentos allí vividos son muy intensos. Tal vez porque son conscientes de que estás de paso y te hacen vivir el instante con mucha intensidad. O precisamente se vive el instante por la precariedad de la vida en sí misma. Por eso y por la dimensión, la escala, con que se miden las cosas, que es otra. La escala de lo geográfico, por ejemplo, donde las cordilleras comparadas con las de aquí son otras. O las distancias entre las ciudades. Esa escala que supera en dimensiones a nuestro continente también es trasladable a lo sentimental. Y cuando viajas a Latinoamérica entiendes por qué las canciones de José Alfredo son como son, por qué los boleros son tan desgarradores o los tangos tan dolorosos. La vida se vive así en cierto modo. A veces miramos con cierto paternalismo a Latinoamérica, y debiéramos aprender muchas cosas de ellos. Aquí estamos encorsetados y cargados de prejuicios a la hora de recibir música y sentimientos. Y allí hay una carga de generosidad de la que debiéramos aprender. Y gran parte de mis referencias musicales, literarias e ideológicas están en América Latina. Es un continente vivo, donde todo se vive con mucha intensidad, para bien y para mal, porque se dan los sueños y utopías más maravillosos y las dictaduras y tragedias más terribles.

P. Cuatro años de gobierno socialista. ¿Valoración?

R. Yo pertenezco a esa parte de la izquierda que exige más ambición al Gobierno, a pesar de que ha tenido medidas en lo social y en los derechos civiles que son loables. Pero en lo económico pido más. Pido que las cifras macroeconómicas se trasladen a lo social. Y no debieron haber dejado que la agenda política la marcara la derecha con ese elemento de crispación para generar desencuentros y problemas irreales. Le hubiera exigido más valentía en lo educativo o a la hora de hacer una Ley de la Memoria Histórica.

P. ¿Por qué la memoria está tan presente en tus canciones?

R. Porque la memoria es el último patrimonio. Cuando no te queda nada y lo has perdido todo, la memoria te ayuda a encontrar una identidad. Y reivindico la memoria no desde la nostalgia sino como herramienta de futuro.

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