Jaque al ReyEl otro día les hablaba de mi posición en torno a los delitos de opinión contra la corona y, en general contra los símbolos del estado. Hoy quiero hablarles de lo que en mi opinión es un jaque que la Derecha hace mucho tiempo que está deseando darle al Rey. ¿Qué está pasando? ¿Por qué, a raíz de ciertos incidentes se ha creado esta situación de aparente rebelión repúblicana? ¿Están realmente el Rey y la monarquía en jaque, o es realmente un espejismo? No soy monárquico, sino republicano. Creo que los ideales ilustrados de libertad, igualdad, progreso y búsqueda de la felicidad sólo son posibles plenamente en un régimen republicano. También creo que las demandas de justicia social que pusieron sobre la mesa los movimientos obreros de los siglos XIX y XX no son plenamente posibles más que en un régimen republicano. Para terminar, considero que sólo un régimen republicano puede dar respuesta a los retos planteados en las últimas décadas acerca de la necesidad de poner unos límites al progreso que lo hagan sostenible social y ambientalmente. Pero por algún motivo, creo que lo que está sobre el tapete en realidad en este momento no son las aspiraciones republicanas, sino una especie de batalla de puro politiqueo coyuntural y a corto plazo, que tiene como escenario el debate monarquía/república y de telón de fondo un evidente desgaste del prestigio de la familia real y no tanto, o al menos no sólo, del Rey.

Personalmente no tengo nada contra el Rey. Ni personalmente ni políticamente. El Rey es monárquico, como no podía ser de otra manera, y como otras personas que fueron altos cargos y dirigentes de la dictadura, entre ellos, Adolfo Suárez, se dio cuenta de que, a la muerte del Caudillo, sólo había un único camino para España: la democracia. Algunos de esos ex-dirigentes, el entorno de Fraga y la Alianza Popular, emprendieron un camino que no consistía tanto en parar la llegada de la democracia, como en limarla lo más posible para que fuera una democracia limitada y tutelada. Otro grupo de dirigentes franquistas, organizados en torno a la UCD y Adolfo Suárez, apostaron por una democracia plena de corte occidental que fuera homologable a las democracias europeas. El el Rey se alineó claramente, y desde el principio, con este grupo.

Un sector importante de la sociedad española, la derecha radical que, o bien era directamente franquista, o bien se refugió en las posiciones más realistas y posibilistas de Fraga y la Alianza Popular, nunca disimularon la antipatía que sentían por un Rey que, después de jurar los principios generales del Movimiento Nacional no había tenido reparo moral ni político alguno en adoptar las medidas que hicieron posible que se disolvieran las Cortes franquistas y se aprobara la Ley de Reforma Política que dio lugar al inicio del proceso que posteriormente se conoció como la Transición. Hoy, los herederos de esos sectores están plenamente integrados en el Partido Popular, y cómodamente instalados en su cúpula dirigente. Durante muchos años, han acusado al Rey de perjuro, le han recordado una y otra vez que fue Franco el que le nombró Rey y le han combatido con todas las armas a su alcance.

En la medida en que la derecha radical ha ido perdiendo el miedo inicial a la democracia y se ha dado cuenta -especialmente durante la segunda legislatura de Aznar en la Moncloa- de que la Constitución podía ser interpretada con un criterio estrictamente conservador y rígido -como apuntara Jordi Pujol cuando dijo aquello de que “hay artículos de la constitución que no son de obligado cumplimiento“-, han reciclado su posición sobre el Rey, sobre la democracia y sobre la Constitución: ya no son amenazas. Ahora son obra suya, y pretenden patentarlos. Como antaño se apropiaron de la bandera de España y de la propia idea de España, ahora exigen título de propiedad sobre la Constitución y sobre la Monarquía.En mi opinión, no han abandonado la inquina que le tienen al Rey por haber contribuido a desmantelar el franquismo desde dentro -igual que se la tienen a Adolfo Suárez, a pesar de los homenajes hipócritas y fariseos de estos días- como quedó patente en algunos momentos del Gobierno de Aznar. Lo que ocurre es que ahora, los ataques ya no son directos. Ya no le tachan de traidor, ni de perjuro. Ese tipo de acusaciones ya no calan entre la gente. Ahora lo que hacen es dar pábulo a todo tipo de rumores e informaciones falsas, empleando sin disimulo a la prensa rosa para ello.

El gallinero que se organizó con ocasión del supuesto romance del Príncipe de Asturias con la modelo aquella nórdica cuyo nombre no recuerdo, fue una clara muestra de esta actitud, azuzada por periodistas siniestros como Jaime Peñafiel. Recuerdo por aquellas fechas a la derecha sociológica franquista, es decir a la base social del PP, babeando de alegría porque si el Príncipe se casaba con aquella mujer, eso supondría, sin duda, el fin de la monarquía y el advenimiento de la república. Yo escuchaba en silecio aquellas manifestaciones de alegría y pensaba que pobre república la proclamada tras la expulsión del Rey por casarse con una plebeya. Por razones similares, tienen ahora en el punto de mira a Leticia Ortiz, y de nuevo Peñafiel es ariete. Y no estoy hablando de los políticos del PP, sino de las bases sociales del PP, de la calle.

Paralelamente a este proceso -que pretende extender el odio primario al Rey y a la familia real entre la gente, lo cual nunca puede ser el desencadenante del advenimiento de la república, porque sería esa una república viciada de origen- sectores importantes de la derecha española, tan importantes como que orbitan en torno a uno de sus principales portavoces mediáticos, periodista estrella de la emisora de radio de la Iglesia subvencionada española y editor de uno de los diarios digitales más leído, la han emprendido directamente contra el Rey acusándole de complicidad con una supuesta división de España perpetrada por el Gobierno de la Nación, por firmar el Estatuto de Autonomía de Cataluña. Curiosamente, estos sectores, articulados en torno a la COPE -todos sus periodistas estrella desde la Mañana a la noche, pasando por la schilitín están en el mismo ajo- le exigen al Rey constitucional que se comporte como un Rey absoluto y que se niegue a cumplir sus obligaciones sancionando las leyes legítimamente aprobadas.

Y hay que decir que los portavoces de la derecha, cuando se han decidido a atacar directamente al Rey, lo han hecho sin reparar en gastos, llegando incluso a cometer -siempre presuntamente- graves delitos, como la acusación al Rey realizada de manera permanente -todavía está publicado el artículo de marras- y con publicidad, de participar en un golpe de estado. Es decir, acusan al Rey de cometer un delito de rebelión. No se me ocurre qué acusación más grave se puede hacer a la máxima autoridad del estado. Pues bien, es un presunto delito impune porque la fiscalía es presuntamente cobarde y el Gobierno presuntamente pusilánime. Con algunos.

En este contexto, con una derecha soliviantada, levantisca y presuntamente delincuente, ocurren algunas cosas que no han dejado de ocurrir nunca antes: una conocida publicación humorística que ha dedicado desde siempre gran parte de sus páginas a publicar caricaturas de los miembros de la familia real, frecuentemente en la portada y casi nunca anodinas, un día es secuestrada a petición de la fiscalía. Pocas semanas más tarde, un grupo de jóvenes radicales independentistas catalanes queman un retrato del Rey, cosa que tampoco es una novedad, y que han hecho estos jóvenes en otras ocasiones -también durante el gobierno del PP- sin mayores consecuencias. Bien pues ahora se les acusa de un delito de injurias a la Corona y se les piden meses de cárcel. Son sin duda graves torpezas de la fiscalía, que han provocado una especie de doble discurso en la derecha delincuente: por una parte, los líderes oficiales del PP se rasgan las vestiduras y con unos niveles de hipocresía política pocas veces vistos antes, exigen que se restaure el honor de la monarquía y que no se permita a los jóvenes independentistas quemar retratos del Rey, mientras que por otra parte, desde los micrófonos de la Iglesia subvencionada se pide al Rey que abdique y se le acusa de golpista.

Y en medio de todo esto, los republicanos, a verlas venir, asombrados de que pueda declararse una república que sea la consecuencia de que el Rey se case con una plebeya, o de que la monarquía pierda su prestigio como consecuencia de las campañas de la derecha contra una institución que no obedece a sus dictados. Por eso, como republicano, tengo la sensación de que en realidad no estamos ante un debate monarquía república, sino ante un intento de la derecha de dar un jaque mate a todas aquellas instituciones que no controla o no puede controlar, desde la monarquía hasta el Ayuntamiento de Cáceres, pasando por el Consejo General del Poder Judicial o el Gobierno de la Nación.

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