Hoy, que es el día en que vamos a saber si el 11-M fue cosa de Zapatero y de ETA o de los moritos malos, que diría don Federico, le cedo esta tribuna a don Luis del Pino. ¡Angelito!

Por eso, y aunque las absoluciones y condenas puedan ser lo más llamativo desde el punto de vista mediático, yo estaré mañana especialmente atento a otra cosa. Lo que verdaderamente me importa de la sentencia es ver qué pasa con todas y cada una de esas falsas pruebas que se nos presentaron a los españoles para construir la patraña con la que tender un manto de olvido y de silencio sobre la masacre del 11-M.

Si la sentencia de mañana sirve para desgarrar ese manto, si la sentencia de mañana pone el dedo en las distintas llagas que los medios de comunicación independientes hemos ido revelando, si la sentencia de mañana responde al sentido común a la hora de juzgar la validez de las pruebas, la partida entrará en una fase totalmente nueva. Quizá por eso andan algunos tan nerviosos.

Y recuerden los que tienen la lengua floja y la pluma zangolotina: nadie del PP sostuvo nunca que el 11-M fuera obra de ETA.

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