Ayer, hablábamos del delito de calumnias, en cuya definición el Código Penal utiliza un giro que me parece curioso: el desprecio temerario de la verdad. Es lo que tiene el lenguaje legal, que a veces hace giros divertidos. Pues bien, hoy les voy a enseñar un caso de “temerario desprecio de la verdad” que lamentablemente se produce en una de mis bitácoras favoritas. Y yo lo que digo es que cuando alguien falta a la verdad, y sobre todo, cuando lo hace a sabiendas de que lo hace, y cuando dice una cosa -en concreto, que los actores, así, en general, sin excepciones, salvo quizás Alfredo Mayo, Pepe Isbert, Manolo Garisa y don Paco Martínez Soria, no condenan a ETA-, pero lo hace con un lenguaje medido, con una ironía bien pensada, y con ese antipático tono de superioridad moral con el que a veces nos regala don EP, de manera que deja claro que lo que quiere decir, en realidad, es otra cosa -en concreto, que los actores, y se entiende que la “autoproclamada” izquierda, con ellos, no condenan a ETA porque la apoyan, que es lo que constantementemente está sugiriendo, bien es cierto que sin decirlo- lo que tiene que hacer es rectificar inmediatamente y pedir disculpas a la mayor brevedad posible. Porque los actores sí condenan a ETA (1, 2, 3, 4).

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