Oigan, otra vez. Algo debe de estar pasando que tiene a los taxistas alterados. Esta tarde, después de una obligación profesional que he tenido que cumplir en Madrid, me he subido a un taxi para regresar a mi dulce hogar, a mi sweet home, para que me entiendan ustedes, que están últimamente un poco espesos, se lo digo a ustedes de todo corazón, y porque me da la gana.

– A mi casa, le he dicho al orondo conductor, porque era orondo el tío, pero detallando un poco más el destino.

– Vamos p´allá.

Era simpático el tío, así que he tenido que renunciar a mi primera intención, que era dedicar el viaje a descifrar los inescrutables mecanismos de mi nuevo móvil.

– ¡Qué guapas son las mujeres de mi pueblo!

Este menda era más fino que el del otro día: ni chochito, ni culito, ni tetas, ni ninguna ordinariez por el estilo.

-¿Sí? ¿Cuál es su pueblo?, le pregunto yo, para hacerme el simpático, porque la verdad es que yo de simpático, lo justo para que no me abofeteen por la calle. Como si le pisara un callo, oigan. Empezaron los improperios inmediatamente.

– ¡Este, Madrid, mi pueblo es Madrid, y a mucha honra! Le pese a quien le pese, aunque al Carod ese no le guste, y aunque diga que se llame yusepyuis o cómo coños se diga, que en realidad se llama José Luis, como todo el mundo. Él que lo diga como quiera en Cataluña, pero que cuando esté en España lo diga en español y nos deje a nosotros hablar español. Porque aquí hablamos español, no castellano, español, que España es nuestra patria y Carod se llama José Luis. ¿Tengo o no tengo razón?

– Cómo se llama el Presidente de los Estados Unidos? le pregunto.

– George Bush, me responde.

Se vé que es una persona instruida.

– ¿Y por qué no Jorge Bush?

– ¡Hombre, es diferente, es que eso es inglés!

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