La FEMP -Federación Española de Municipios y Provincias- no es precisamente una institución, pero sí es un foro que, hasta la fecha se había mantenido más o menos protegida frente al poliqueo miserable que caracteriza últimamente todo aquello que se pone al alcance del PP, ya sea la Corona, el Tribunal Constitucional o o las víctimas del terrorismo.

La FEMP ha sido uno de los foros desde donde los alcaldes han reclamado un pacto local que redistribuya el gasto público y asegure a los Ayuntamientos capacidad de financiación para que pueda hacer frente a las competencias reales que tienen y para que puedan dar los servicios que realmente están prestando, que son muchos más de los que les corresponden, puesto que las Comunidades Autónomas no las prestan.

Pues bien. Estos días, el PP ha puesto su ojo voraz en la FEMP y ha decidido tomarla al asalto o reventarla. Las elecciones municipales de mayo, que son las que legitimaron a los alcaldes que hoy inauguran la IX Asamblea de la FEMP, se las ganó el PSOE al PP. El PSOE tiene más alcaldes y más concejales que el Partido Popular, así como más capacidad para llegar a acuerdos con otras formaciones políticas.

Por ello, es más que probable que la presidencia de la FEMP no recaiga en el PP sino en el PSOE. Sin embargo, el PP ha lanzado una guerra desleal con la que pretende imponer a Regina Otaola -una alcaldesa nueva, de rebote y sin conocimiento alguno del municipalismo y de los problemas de los ayuntamientos- como presidenta de la FEMP. Aseguran los conservadores que, dado que ellos tuvieron más votos populares en las municipales, a ellos les corresponde la presidencia, y que el hecho de que haya más alcaldes del PSOE que del PP no debe influir en la decisión de quién es el presidente de una entidad que representa, precisamente, a los Ayuntamientos. Curioso razonamiento.

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