Con la presentación de la denuncia cívica contra Pío Moa por presuntos delitos de injurias a varias instituciones, partidos políticos y personas, hemos debido pinchar en nervio y les está doliendo mucho. No de otra manera se puede entender la reacción rabiosa que ha desencadenado la derecha liberalpinochetista a algo tan básico, tan elemental, tan inicialmente democrático como pedir amparo a los tribunales ante un supuesto perjuicio. Entre los 14 ciudadanos que hemos presentado la denuncia contra Pío Moa hay comunistas y no comunistas, hay militantes de IU y hay familiares de personas que fueron asesinadas por sus ideas políticas durante la postguerra. No todos son del PCE -yo no lo soy, ni siquiera soy comunista, y mi relación con el PCE es cuando menos “difícil”-, no todos somos de IU, y sólo algunos son víctimas del franquismo. Pero todos nosotros nos hemos sentido injuriados por Pío Moa.

  1. Las manifestaciones realizadas por el historiador revisionista de que “los que defienden la Ley de Memoria Histórica se identifican con los criminales, los de las checas” se refieren directamente a mí, y a otros miles de ciudadanos. Yo defiendo la ley de Memoria Histórica y me resulta tremnendamente ofensivo que ello me convierta a ojos de este señor en un criminal. Ser criminal es algo que está fuera de la ley. Al llamarme criminal, Pío Moa me está acusando de haber cometido un grave delito, está atentando contra mi buena fama, y esa es una conducta claramente definida en el Código Penal como delictiva.
  2. Las manifestaciones anteriores son doblemente ofensivas contra mi persona, ya que se refieren a los diputados que me representan en el Congreso de los Diputados, a los que acusa de identificarse con “los criminales”. Me ofende profundamente que se califique, sin pruebas, de criminales a aquellas personas en las que he depositado mi confianza como ciudadano para que me representen en el Congreso de los Diputados.

La denuncia contra Pío Moa persigue estas actitudes concretas y no otras más generales. Se trata de pedir reparación y responsabilidades por las profundas e injustas ofensas que el polemista revisionista ha realizado en un momento concreto y en un lugar concreto. No se persigue su obra literaria, humorística, periodística o sus ocurrencias historiográficas, como manifestamos en el punto segundo de la propia denuncia, que dice textualmente lo siguiente:

no es el contenido de sus libros ni la valoración de la ideología del Sr. Moa lo que aquí se denuncia: existe una libertad de expresión, información y prensa, avalada por nuestra Constitución, y que nuestro Tribunal Constitucional ha ido, con el tiempo, configurando en sus límites. Lo que se trae a denuncia son las opiniones vertidas por el Sr. Moa a cuenta de la presentación del libro “Los años de hierro”, en respuestas a los periodistas.

En definitiva, somos ciudadanos libres, que en un régimen democrático en el que supuestamente está garantizada la igualdad ante la Ley, pedimos amparo a un tribunal porque entendemos que se ha lesionado nuestra imagen y nuestro honor. Nada más. No hay persecución política alguna, no hay intención chequista, no hay neoestalinismo y no hay operación política alguna en marcha. Se trata de una iniciativa cívica, que nace espontáneamente de la reacción indignada de un ciudadano ofendido porque le han llamado criminal en una entrevista periodística. Ni más, ni menos.

Por esta razón, no entendemos la reacción desmedida y virulenta de la derecha liberalpinochetista -que gracias a Dios no es toda la derecha, pero está atrincherada en la radio de los obispos subvencionados- contra la denuncia. El que se presenta como el principal periódico español en internet y probablemente sea el más visitado de los periódicos únicamente digitales de España nos ha mantenido en espacio preferente de su portada durante un día completo, con una noticia y un abanico de opiniones que se renovaron durante todo el miércoles; Federico Jiménez Losantos -comunicador estrella de la radio episcopal subvencionada- ha comentado el hecho en varios foros y le dedicó uno de sus comentarios de entrada en La Mañana de la COPE el martes o el miércoles; y ayer, el profesoral Cesar Vidal abandonó su tono habitualmente pausado para, evidentemente irritado y con hablar atropellado, recitar un editorial en La Linterna que más parece una sentencia, y a base de supuestos hechos probatorios, enmarcar nuestra denuncia ciudadana en una increible maniobra política en la que están implicados desde don Gregorio Peces Barba hasta Gaspar Llamazares, para concluir que, si se produce un atentado o cualquier otro incidente en la persona de Pío Moa, ello será, sin duda responsabilidad de Llamazares y de Zapatero. Que lo sepan.

El nerviosismo de los sectores liberalpinochetistas se evidenció, también,en la celebración ayer de un acto-tertulia intitulado “La desmemoria histórica” en el que participaron el propio Pío Moa, la inefable Isabel San Sebastián y el historiador García de Cortazar. En dicho acto, y en el turno de preguntas, un periodista le preguntó a Pío Moa si condenaba el franquismo, a lo que el polemista respondió con una sencilla frase: “En dos palabras: no condeno el franquismo“. La ovación de los asistentes por esta respuesta de Pío Moa fue atronadora. El acto no estaba organizado por la Falange, ni por España 2000, ni por el Frente Nacional, sino por las Nuevas Generaciones del PP y la mayor parte de sus asistentes eran militantes del Partido Popular y sus juventudes. El periodista que realizó la pregunta mencionada tuvo que salir a la carrera del local donde se celebraba el acto, insultado por los asistentes, y no respiró tranquilo hasta que se vio en un taxi, camino de su redacción para narrar el surrealista acto.