Uno nunca sabe dónde, por fin va a ver la luz, dónde va a aprender algo inesperado. Recuerdo hace apenas un par de años que una noche me desperté y me dije a mí mismo: “¡Vaya, era por eso!“. En sueños, uno de esos extraños sueños que se recuerdan, comprendí por qué los ríos de la península ibérica tenían afluentes por la derecha y por la izquierda, y no por arriba y por abajo, como parece natural por su disposición en el mapa. En el colegio me volvía loco tratando de averiguar por qué los afluentes veían de los lados, y no de arriba y abajo, y encima lo hacían de manera tan aleatoria, que en un río la derecha estaba en un sitio, y en el siguiente estaba en el otro. Y eso que les digo, un día, en un sueño alguien me lo explicó y me desperté con la idea de que era por el cauce. ¡Eureka! No se crean que les hablo en broma. Este episodio es verdadero como la vida misma. Y no me da vergüenza contarlo, porque a mí, cada vez me va quedando menos vergüenza. Sólo conservo la que me da bailar. Que esa no la pierdo. Por eso no bailo. Y porque debe ser muy cansado. pero volvamos al tema. El caso es que esta tarde me ha ocurrido algo parecido a lo de aquel despertar. En clase de ruso hemos dado los posesivos. Nosotros, los hispanoparlante, que somos unos simples, tenemos pronombres y adjetivos posesivos que concuerdan en género y número con la cosa poseída. Y punto. Son unas pocas palabras y tienen unas reglas muy concretas. Los rusos, en cambio tienen un compejísimo sistema de concordancias que en unas ocasiones concuerdan con el objeto poseído y en otras concuerdan con el sujeto poseedor, y nada menos que cincuenta y cuatro palabras que indican posesión. Ahí es nada. Y escuchando a la profesora explicar este complejo sistema, es cuando he vito la luz: Los rusos abolieron la propiedad privada para poder hablar sin necesidad de llevar siempre encima una tabla de concordancias.

Pues nada, era sólo eso. Una parida, vamos.

Venga... meta ruido por ahí



Tagged with →