Soy feliz. Я счастливый. Me he subido a la tribuna y he dicho mi parlamento más o menos atropelladamente, pero lo he dicho. Don José Ramón ha tomado la palabra y en uno de sus habituales gestos de moderación, me ha llamado maestro por ayudarle a abrir un blog. Como agradecimiento por mi participación, me han regalado una carterita, una especie de maletín que me viene de perlas para trasladar mis libros y mis cuadernos de ruso a clase cada martes y jueves. Después, he podido charlar un rato con Lourdes Muñoz Santamaría sobre las tribulaciones del diputado foráneo en Madrid en el taxi que hemos compartido hasta la Villa y Corte. Antes de subir a casa, he pasado por la sede de IU-Chamberí, y allí me he encontrado con don Hugo para firmar la denuncia que finalmente catorce probos y ejemplares ciudadanos y ciudadanas vamos a interponer contra Pío Moa por calumnias contra quienes apoyamos al Ley de Memoria Histórica y especialmente contra las víctimas del fascismo. La visita me ha costado 9 euros en concepto de lotería de Navidad que me han endilgado los fraternales compañeros de IU-Chamberí. Después me ha llamado mi señora al móvil para que comprase arroz basmati. Le gusta mucho, no me explico por qué. Pero no pregunto. Los perros, me dice la señora de Royo-Villanova, están ya paseados, y yo lo celebro mucho. Así que armado con el arroz basmati me subo a casa y preparo para cenar unas salchichas que serán acompañadas por mi parte con la salsa de un jamón asado cuya receta ya les daré otro día, oigan, que no hace ustedes más que pedir, y el arroz. Mi señora que es casi vegetariana, ha pasado de las salchichas.

Patricia GaztañagaYo soy feliz. Svetlana, en cambio, ni lo es, ni lo va a poder ser ya, porque el hijoputa de su novio la ha degollado. Svetlana ha muerto esta semana víctima de la violencia del género, y victima también del periodismo sin escrúpulos que practican en nuestro país cada vez más supuestos profesionales, especialmente en la televisión, que es, visto lo que se ve a diario, el último refugio de la mierda. Svetlana, probablemente, habría sido asesinada antes o después aunque no hubiera acudido al Diario de Patricia, pero la mala y deshonesta práctica periodística de Patricia Gaztañaga y todo el equipo de dirección de su programa es lo que la puso en el cadalso y al alcance de su verdugo.

Porque en su búsqueda desesperada de mayor audiencia y, con ello de más ingresos publicitarios, Patricia Gaztañaga y su equipo no dudaron en poner a Svetlana al alcance de su futuro asesino. Y en el colmo de la deshonestidad y de la falta más absoluta de cualquier cosa que se aproxime no ya a la ética profesional, sino a la ética a secas e incluso a la buena educación, la llevaron al programa engañada. Ella no tenía claro a qué iba al programa, e ignoraba que la iban a poner ante una persona que estaba condenada a 11 meses de prisión por haberla maltradado y a la que ella tenía razones fundadas para no querer ver más. Los supuestos periodistas que montaron el engaño no conocían la condena que recaía sobre el ex-novio de Svetlana, lo cual dice mucho de su calidad profesional. Cuando llegó allí, se encontró con un número lacrimógeno en el que el hijodeputa de su novio se arrodillo, se declaró, la regaló un anillo, en medio de todo tipo de frases empalagosas aprendidas en los culebrones. Ella, antipática, la mala del espectáculo montado por la deshonesta Patricia Gaztañaga y su equipo deshonesto, no se cansen de leerlo, rechazó al rendido enamorado y con ello firmó su sentencia de muerte. Una semana más tarde, estaban haciéndole la autopsia.

No he visto el Diario de Patricia, ni hoy ni nunca, pero supongo que con la noticia estarán haciendo caja a ritmos forzados y alimentando el morbo a toda pastilla antes de que se pase la moda, antes de que la Pantoja sea detenida, antes de que la novia de algún futbolista enseñe las tetas, en definitiva, antes de que ocurra algo que ponga el foco de la indecencia nacional en otro lado ¡Qué vergüenza da en ocasiones decir por ahí que se es periodista, como Patricia! Y digo yo: si la sociedad puede defenderse de lo médicos que tienen una mala práctica profesional e impedir que ejerzan la medicina, ¿por qué no podemos defendernos de los malos periodistas e impedirles que ejerzan el periodismo?

Es que, como ha demostrado este caso, el mal periodismo también mata.

Y esto es lo que tiene de malo empezar a escribir sin saber dónde va a terminar uno, que tiene que desdecirse: Сейчас Я не счастливый, но нигодованый.