En la entrada anterior sobre la perrita Vela, don Vta, comentarista inteligente, perspicaz y cortés, plantea una pregunta muy interesante que me he hecho yo a mí mismo muchas veces y que es de respuesta difícil (e incómoda): “¿La defensa de los animales está reñida con el comer carne o el llevar zapatos?“. No sé si voy a contestar, pero voy a intentar reflexionar sobre ello a continuación, porque he traído la defensa de los animales a este blog en varias ocasiones, y es legítimo que animalistas y no animalistas, taurinos y antitaurinos, vegetarianos, veganos y carnívoros, me pidan explicaciones sobre si considero contradictorio o no comer carne y defender a los animales.

Otra cosa es el maltrato animal, que puede ser de dos tipos: individual, como el que ha sufrido la perrita Vela, y otros muchos animales, o institucionalizado, que es el que sufren los animales que son considerados como materias primas en la indiustria alimenticia, textil o del espectáculo (en España, el caso de los toros, el circo, las peleas de gallos o de perros, la caza del zorro en gran Bretaña…). Sobre el maltrato individual, no creo que haya muchas cosas que decir. Todos lo condenamos, y por ello, últimamente, se están haciendo reformas legislativas, en mi opinión tímidas aún, que convierten el maltrato animal en un delito.

El maltrato institucional es un tema más delicado y es el que nos plantea, me plantea a mí al menos, contradicciónes morales que me resultan difíciles de resolver. Somos animales omnívoros, de acuerdo, pero ¿eso nos legitima para racionalizar hasta tal punto la producción de alimentos que se produzca un sistema en el que los animales viven exclusivamente para morir, en condiciones extremadamente penosas e inadecuadas y son víctimas de todo tipo de torturas? Puede uno sentirse tentado a mirar para otra parte -lo he hecho y lo hago constantemente, porque de otra manera no podría comerme un simple pollo asado-, y entonces, va uno y condena la fiesta de los toros. Es evidente que un toro sufre mucho menos y mucho menos tiempo en relación con el tiempo que vive, que cualquier animal que forma parte de la cadena de la industria alimenticia. Sin embargo, en este blog he dedicado varios posts a criticar la fiesta de los toros y ninguno a criticar a la industria de la alimentación.

Me encanta el “fuá” -permítanme que lo escriba españolizado, que me da pereza buscarlo por ahí y además soy muy patriota, como todos ustedes saben- a pesar de que sé lo que tiene detrás y cómo viven los patos a los que se revienta el hígado. Procuro no comerlo, pero a veces sucumbo a la tentación. En un mundo perfecto, procuraríamos tener una industria alimenticia que fuera capaz de satisfacer nuestras necesidades limitando las prácticas de exterminio que se realizan en los grandes gallineros, por poner algunos ejemplos, como limitamos los vertidos a los ríos, las emisiones a la atmósfera, o las jornadas de trabajo. En cuanto a la industria textil, creo sinceramente, que a día de hoy, sería realmente posible su funcionamiento sin necesidad de utilizar pieles reales, o al menos sin utilizar la piel de animales cuya uníca finalidad en la vida es morir despellejados.

Hasta aquí he llegado, y sé que me dejo algo en el tintero. Pero no me acuerdo de qué es.

Venga... meta ruido por ahí



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