Alicia Gómez lontano, directora de Informe SemanalNacho Abad Andújar
Madrid Sindical

Desde mayo de 2004 es la directora del programa informativo más veterano de las televisiones europeas, Informe semanal, que se emite desde 1973. Doctora en Ciencias de la Información, trabaja en TVE desde hace 25 años. Alicia Gómez Montano es madrileña. Se niega a revelar su edad. Lo justifica así: “Las tías a partir de los cuarenta somos viejas. Y los tíos no. Me niego a dar la fecha de nacimiento. Y más desde que se ha hecho un ERE [expediente de regulación de empleo] en TVE donde el criterio ha sido el de la edad. ¿Has visto una tía que presente aquí con 40 ó 50 años? Me niego a que la juventud sea un valor. Ponlo. Pon que por ideología y coquetería se niega a decir su edad“. Ella lo dice, el periodista lo escribe. Y también dice que “nunca en la historia de TVE, que es medio siglo, se ha trabajado con tanta independencia respecto al Gobierno de turno como ahora“. El espacio que dirige ha vuelto a recibir otro premio. En esta ocasión, el de la Academia de Televisión al mejor programa informativo.

Pregunta. ¿Qué informativos ve y con cuáles se identifica como ciudadana?

Respuesta. Los de mi cadena, porque es mi obligación verlos como profesional. Y procuro mirar de reojo los de las otras. Como ciudadana me identifico con IS, con los telediarios de TVE y de Cuatro, con formatos nuevos como Callejeros o Report. Y también cuando surgen buenos programas de investigación, que son escasos porque son caros y a las empresas no les interesa ponerlos en marcha.

P. El líder de la oposición ha dicho estar dispuesto a mantener debates electorales televisivos con Zapatero, pero con la condición de que no sean en TVE. Dice que es una televisión gubernamental que no garantiza la pluralidad informativa. ¿Le molesta la sombra de sospecha que lanza Rajoy?

R. Más que molestar, duele, porque no es cierto. Y el Partido Popular lo sabe. Con todos los errores que se puedan estar cometiendo en este nuevo recorrido, nunca en la historia de TVE, que es medio siglo, se ha trabajado con tanta independencia respecto al Gobierno de turno como ahora. He trabajado con el PP y con el PSOE, el de ahora y el de antes, y puedo decir que, por diferentes circunstancias o porque, como decía Pujol aquello de “ahora tocaba”, nunca había trabajado con la independencia de ahora.

R. Es bastante grande. ¿Qué de vez en cuando se producen presiones? Sí, pero no sólo del Gobierno. Aquí presiona hasta el tato. Presiona el mayor partido de la oposición de una manera bastante importante. En este país siempre ha habido tensión entre la televisión y los poderes públicos y partidos políticos. Presionan porque creen que las cosas se tienen que contar como las contarían ellos. Tu obligación es tener criterios profesionales, no ponerse nerviosa y contar con unos márgenes de libertad. Lo digo con total honestidad, y no para que se ponga medallas nadie: no se ha trabajado con estos márgenes de independencia en la historia de TVE. Y eso lo reconocen hasta los que no desean que haya sido así.

P. Diga que nunca ha recibido presiones o recomendaciones del Gobierno.

R. Desde que dirijo IS nunca.

P. ¿Y antes?

R. Sí, antes sí. Y ahora, como antes, siempre te ofrecen muchos temas informativos. Algunos vienen inducidos. Quien te lo ofrece lo hace para que lo cuentes a su manera. Pero eso también les pasa a las ONG, que gozan la mayoría de un prestigio excepcional, y creen que IS es un contendor estupendo para que cuentes sus proyectos. Éste es un programa muy codiciado. Y más codiciado por los grupos sociales que por los políticos. En general, los políticos nos han dejado bastante en paz. Se centran más en los informativos diarios. Con la ficción les pasa lo mismo. Y soy de las que sostiene que a través de la ficción, ya sean series que se llamen Aída, Escenas de matrimonio o Siete vidas, se generan valores. Siempre digo que esta última serie ha hecho mucho más por la normalización de los ciudadanos homosexuales que la legislación.

P. ¿Le gusta la televisión pública actual?

R. Me gustan las intenciones que tiene esta televisión pública. No me gusta toda la programación. Sí me gusta la senda de neutralidad. Las teles, para hacer buenos productos, necesitan dinero y medios. Espero que esta tele demuestre que sabe ser ejecutiva y gestionar bien el dinero que nos llega de los presupuestos. Y quiero que vaya teniendo cada vez menos publicidad y más financiación de un parlamento que se siente representado.

P. Siendo un servicio público, ¿debe ser una prioridad la lucha por el liderazgo de audiencia?

R. No debe ser nuestra prioridad, pero sí debemos aspirar a que nos vea la gente. Eso que se dice de “la pública con público”. Tienes que competir con productos de calidad y que no sean repugnantemente pegajosos como algunas opciones de otras cadenas. Atraer así al espectador es más difícil. Si tuviéramos menos publicidad sería más sencillo, porque no les aburriríamos con los bloques publicitarios.

P. Al frente del programa decano de TVE, Informe Semanal. Programa antiguo, pero no anticuado.

R. De anticuado, nada. Es un programa que cambia y evoluciona, aunque los ciudadanos tengan la sensación de que se trata del mismo programa. Pero no es verdad. Bastaría con ver reportajes de hace cinco o diez años para ver que se ha acompasado con la sociedad en la que vivimos, adaptándose a los importantes cambios tecnológicos y del lenguaje visual. Más que anticuado me gusta la palabra veterano.

P. ¿El secreto es mantenerse fiel a sí mismo?

R. Habría que preguntarle a los espectadores. Por qué ese vínculo de confianza que comenzó hace más de 30 años. La receta de IS es una mezcla de ingredientes. Por una parte, la oportunidad del momento en que nació, aún vivo Franco pero con una sociedad que muchas ganas de cambio y más preparada para ese cambio de lo que estaban sus estructuras políticas. IS aprovechó ese impulso. Cuando empezó había censores, pero se buscaban los resquicios para contar las cosas de una manera que antes nadie había hecho en TVE. Luego se ha mantenido con unos índices importantes de credibilidad. Nadie se ha puesto nervioso a pesar de los bandazos del propio medio televisivo y la aparición de falsos profetas y cámaras ocultas utilizadas de manera indiscriminada. Es decir, se ha mantenido fiel a las cuestiones esenciales del periodismo como la comprobación de las fuentes o el cuidado del lenguaje. Son aspectos de Primero de carrera pero que, a veces, llevados por las prisas o el interés de tener audiencia fácil, se han perdido. Casi nunca hemos ido a juicio, lo que revela que la gente se siente conforme con el programa. Y, además, ya van tres generaciones de españoles que han visto IS y pueden sentarse a verlo juntos.

P. ¿El compromiso del periodista ya no es con la sociedad a la que informa, sino con la empresa para la que trabaja?

R. El periodista tiene un margen de maniobra muy pequeño, que, aún así, lo puede utilizar. Por eso hay periodistas más decentes que otros. Esta es una profesión que necesita una revisión profunda. El periodista debe tener siempre una conciencia crítica con el poder, pero también con el grupo para el que trabaja. El periodista debe estar en permanente evolución y formación. No vale lo mismo un periodista que va a una rueda de prensa preparado que sin preparar. Ahora ves que van con lo puesto. Y los partidos políticos te mandan las notas de prensa perfectamente redactadas porque tienen una estructura tremenda de gabinetes de prensa. Te mandan hasta los titulares de los mítines. Y con el archivo de Word te basta con hacer un corta y pega. Y se hace, que es lo peor. El periodista no comprueba los datos. Las empresas tienen prisa porque les des la noticia aunque no la confirmes. Nos hemos dejado llevar mucho, además, por la tecnología. El periodista tiene más de experto en nuevas tecnologías. Se le dedica menos tiempo a la reflexión deontológica y ética. Este país ha hecho una transición política. Pero falta una transición en los jueces y falta que el periodismo de este país haga su propia transición. Echo en falta el buen periodismo.

P. Y esa mansedumbre periodística, ¿ha sido creada deliberadamente?

R. En parte tiene una motivación económica. El miedo a no tener trabajo o perderlo nos convierte a todos en personas dispuestas a aceptar las reglas del juego hasta límites inaceptables. No creo en los grandes conspiradores que realizan diseños para tener a la gente adocenada. Lo que sí sé es que están más adocenados los periodistas jóvenes que los maduros, no por la edad, sino por el grado de formación. Es más fácil manipular a quien acaba de terminar la carrera y tiene miedo de no llegar a encontrar un empleo estable, y es humano querer posicionarse sin ningún tipo de restricciones para prosperar. Tampoco le echaría la culpa sólo al empresario. Igual que el médico tiene unos reglamentos y unos juramentos hipocráticos por cumplir, el periodista tiene sus propios códigos deontológicos. Pero también se ha engañado mucho al periodista con el éxito fácil. Se ha confundido el periodismo con el paparazzi. Se mezcla la opinión con la información de una manera torticera.

P. La objetividad, en el periodismo, no existe, pero sí la honestidad con la que el informador se acerca a una noticia. ¿Está de acuerdo?

R. Absolutamente. Tengo en el despacho, para que no se me olvide, una frase que dice así [y lee]: “La objetividad no es el parámetro para medir un programa como éste, sino la imparcialidad, que se define como el juicio recto que se deriva del hecho de prescindir de prevención en favor o en contra de personas o cosas al tratarlas o al estudiarlas”. Personalmente es lo que trato de trasmitir al que me quiera escuchar. No podemos ser objetivos pero sí podemos limpiar en el felpudo nuestras propias ideas, borrar el disco duro de nuestras opiniones y tratar de ser imparciales en el trabajo. Y, si no lo somos, que no sea porque deliberadamente hemos pretendido no serlo, sino porque en este intento del juicio recto no lo hemos conseguido. Muchas veces ya tienes las tesis y lo único que te hace falta es escribir lo que justifica esa tesis final.

P. ¿Por qué hay temas tabú para el periodismo en este país como, por ejemplo, la monarquía?

R. Es una consecuencia de nuestra propia historia. Ha habido asuntos de los que no hemos hablado durante mucho tiempo. En el caso de la monarquía es por prudencia y agradecimiento. Creemos que la monarquía ha jugado un buen papel y se desprendió del poder absoluto que le dio Franco. Y, en general, los españoles, están muy agradecidos al rey, con una conciencia más o menos general de que ha hecho bien los deberes y se ha ganado su sueldo. Y no se tienen ganas de poner el foco en los aspectos más negativos porque pensamos que en términos de convivencia va a aportar poco. Es propio de democracias jóvenes como la nuestra. Democracias más consolidadas que no han vivido al ritmo de golpes de estado, como la británica, pueden someter a sus instituciones a unas tensiones superiores, y parece que resisten con una relativa fortaleza.

P. ¿Son los tertulianos la infantería de los partidos políticos?

R. No sé si los tertulianos señalan la agenda política del día o dicen lo que dicen porque beben de los propios partidos. No sé qué es antes, si el huevo o la gallina. A mí no me gusta la figura del tertuliano. Me gusta la figura del comentarista, pero del comentarista que sabe de algo. En este país los tertulianos saben de todo. Lo mismo hablan de Argelia que de política antiterrorista. No se puede establecer tabla rasa porque es injusto, pero entre los tertulianos hay mucho periodista de trinchera que no va a reconocer nunca nada a un partido que no sea aquel con el que coincide ideológicamente. Parece como si les pagaran de otros sitios además de las emisoras donde se sientan. Los tertulianos son una perversión del buen periodismo. En el buen periodismo anglosajón hay expertos que una vez a la semana se sientan y hablan de lo que conocen bien. Si toca hablar de la subida del petróleo deberías encontrarte con un señor que sabe de economía, como Joaquín Estefanía, por ejemplo. Pero el mismo tertuliano no puede ser el que mañana y pasado mañana te hable de otras tantas cosas. Y cuanto más agresivo seas y más afilado tu verbo, más valioso eres para la empresa que te contrata.

P. La clase política, ¿ha perdido altura?

R. Hay una tendencia entre los que tienen más de 40 años a pensar que los políticos que hicieron la transición tuvieron una altura de miras muy superior a los de ahora. No estoy segura. Sí sé que ha habido personas, y estoy pensando en gente como Carrillo, que hicieron muy bien su trabajo en un momento determinado. Personas que renunciaron a muchas cosas a cambio de un pacto. Y cuando se pacta nadie se queda a gusto. Ahora vivimos en un país excesivamente crispado. España ha soportado años brutales de ETA, crímenes de la extrema derecha a finales de los setenta, y parece que ahora no puede aguantar la quema de un cajero automático. Eso no puede ser. Algo estamos haciendo mal en términos de convivencia. Y la prueba es que la gente luego no va a las presuntas manifestaciones unitarias porque hemos llegado a un punto en que somos capaces de manifestarnos contra el Gobierno pero no somos capaces de manifestarnos juntos contra ETA. Ahí hay una falta de pedagogía política que no han hecho los partidos.

P. ¿Y repartes por igual la responsabilidad de esa crispación política?

R. No, no sería justo. Igual que no son iguales todas las etapas en televisión. No se debe generalizar. Ni todos los políticos son iguales ni todos los periodistas ni todos los jueces.

P. ¿El principal partido de la oposición ha hecho una política imprudente?

R. En el PP creyeron, y creen, que les han robado las elecciones de 2004. Esta legislatura han estado bajo los efectos de una pérdida de gobierno que no tenían prevista. Y eso no ha sido bueno para la ciudadanía porque ahora son oposición, pero volverán a ser un partido de gobierno. El PP es mucho más templado cuando gobierna que cuando está en la oposición.

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