No sé. Si yo fuera un agerrido gudari que hubiese consagrado mi vida a liberar a mi patria del yugo de otra patria, vecina, pero abyecta por no ser la mía, y hubiese decidido que entre los medios que puedo usar para llevar a cabo esa bendita liberación está la eliminación física de aquellas personas que fueran consideradas enemigas de la patria o simplemente obstáculos para la consecución del objetivo final, pienso que tendría asumido el riesgo de ser eliminado yo mismo físicamente, o cuando menos, parcialmente. Un hueso roto, un tiro en alguna parte. Qué se yo. Es lo que tiene el uso ilegítimo de la violencia, que puede ser respondido legítimamente por quien tiene el monopolio de su uso legal, que no es otro que el estado. Vivimos tiempos basura: empleo basura, prensa basura, comida basura… Ahora viene el terrorismo basura, el terrorismo de llorones que no dudan en perseguir y dar muerte a unos guardias desarmados a los que han reconocido en un bar, pero que lloran como boabdiles una costilla rota como consecuencia de una detención aparatosa. Llorones que recurren a fiscales y jueces a los que matarían, a los que han matado ya, para que les den amparo ante supuestos y probablemente inexistentes abusos de autoridad. Uno recuerda a Miguel Angel Blanco, al que dejaron tendido en un bosque, vivo aún, pero con un tiro en la cabeza, lo compara con el pobre idiota que ahora mismo se recupera en un hospital público de una costilla rota y no puede evitar pensar que son unos llorones, unos llorones de mierda, pero unos llorones al fin y a la postre…

Aviso a navegantes (22:00): Don Toni Salado muestra aquí su desacuerdo con esta opinión mía tan acertada.

Venga... meta ruido por ahí



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