Nicolás Sartorius: «La democracia llega a España porque el pueblo español la impone, la pelea y la lucha»Nacho Abad Andújar
Madrid Sindical

Las versiones que se han hecho sobre la Transición no son satisfactorias. A la sociedad española se le ha vendido la idea de que cuando el dictador muere, la democracia llega cuanto menos que otorgada. Es decir, el rey y una serie de políticos pactan, y se alcanza la democracia. Eso supone hurtarle a la sociedad española el mérito histórico de haber terminado con la dictadura“. Ser uno de los fundadores de Comisiones Obreras es lo que más le enorgullece de su vida. Nicolás Sartorius, abogado y periodista de profesión. Diputado nacional por el PCE e Izquierda Unida y portavoz de esta última formación en el Parlamento español hasta 1993. Actualmente es presidente de la Fundación Alternativas. Su activismo contra la dictadura de Franco lo pagó con seis años entre rejas. Es autor de ensayos que ayudan a comprender mejor nuestro pasado (La memoria insumisa, Carta a un escéptico sobre los partidos políticos, entre otros). Acaba de publicar, junto al profesor de Historia Contemporánea Alberto Sabio, El final de la dictadura. La conquista de la democracia en España, un pormenorizado y ameno repaso a los 18 meses que van desde la muerte de Franco (noviembre de 1975) a las primeras elecciones democráticas (junio 1977). Se trata de un ensayo que incide de manera rotunda, y pionera, en la supremacía que tuvo el movimiento obrero, y especialmente Comisiones Obreras, en la llegada de la democracia a nuestro país. Muerto Franco, no acabó el franquismo. Y como dice Sartorius, “la democracia española no fue otorgada, sino conquistada por el pueblo“. “Y nada hubiera sido posible sin la lucha en la calle de los movimientos sociales“, dice en su despacho de la Fundación Alternativas. El final de la dictadura es un libro de lectura recomendada: en él se cuenta que sin el activismo de la clase trabajadora, y especialmente CCOO -principal fuerza de choque contra el régimen-, la historia de España no hubiera sido la misma.

Pregunta. Dejémoslo claro desde el principio: con la dictadura acabaron las movilizaciones sociales. Muerto Franco, no acabó el franquismo. Y como se dice al final del libro, “la democracia española no fue una democracia otorgada“, la trajo el pueblo.

Respuesta. Las versiones que se han hecho sobre ese período que se ha llamado la Transición no son satisfactorias. En su conjunto han dado una versión a la sociedad española de una transición que no fue real, excesivamente por arriba, elitista, de pactos y conciliábulos entre fuerzas políticas y líderes, pero sin relacionarlo con la lucha social. Decidimos escribir este libro para acabar con un problema también de autoestima colectiva. A la sociedad española, de alguna manera, se le ha vendido la idea de que cuando la dictadura termina, cuando el dictador muere, la democracia llega cuanto menos que otorgada. Es decir, el rey y una serie de políticos pactan, y se alcanza la democracia. Eso supone hurtarle a la sociedad española el mérito histórico de haber terminado con la dictadura. Se ha dicho muchas veces que el dictador murió en la cama. Pero la dictadura murió en la calle. Muerto Franco no murió la dictadura. Y hubo un periodo, al que nosotros nos referimos, desde noviembre del 75 hasta junio del 77, 18 meses, que no existió democracia y siguió habiendo una represión dura. La democracia llega a España porque el pueblo español la impone, la pelea y la lucha. Si no hay movilización de la gente, y especialmente del movimiento obrero y de Comisiones Obreras, no hubiera habido democracia o hubiera tardado mucho más.

P. De la monarquía decís que se ponía del lado de la democracia o “corría el riesgo de ser arrollada“.

R. El rey tenía dos opciones: mantenerse en lo que venía de atrás, lo que significó el Gobierno Arias Navarro, un franquismo sin Franco, una especie de dictadura más o menos reformada, pero una dictadura al fin y al cabo, o aceptar que España tenía que ir a la democracia, que era lo que la gente estaba pidiendo en la calle. En el libro no se dice que al rey se le impusiera la democracia. Lo que sostenemos es que se crearon unas condiciones, de presión social, por las cuales el rey quitaba a Arias y nombraba a un nuevo presidente que iniciase conversaciones con la oposición o corría el riesgo de irse al traste. La oposición ya se había unido en la famosa Platajunta. Había una presión en la calle muy importante. Y había una presión importante en Europa. Si España quería ingresar en Europa tenía que ser con la adopción de un sistema democrático.

P. ¿Y por qué ese vacío bibliográfico que nunca ha otorgado la importancia merecida a la lucha obrera y social cuando ya han pasado 30 años del final de la dictadura?

R. Hay varios motivos. Primero, se confundió amnistía con amnesia. Segundo, a la derecha no le interesa para nada contar la historia como fue. Poco más o menos ha venido a decir que la democracia la han traído las fuerzas que estaban en el Régimen: Suárez, el rey y algunas personalidades políticas. No le interesa hablar de la presión de la sociedad española, entre otras cosas, porque no participó en ella.

P. ¿Esa es la versión de la derecha: la democracia la trajo el rey, Suárez y Fernández-Miranda?

R. Hay una versión de la derecha muy elitista y muy de personajes del régimen anterior. Es una versión que presume de los pactos con la oposición. La derecha, y me refiero a la versión canónica que se ha dado del final de la dictadura, nunca reconoce la labor de la lucha en la calle. Y hablan de reformas, como si la democracia hubiera sido una reforma de la democracia. Y la dictaduras no tienen reformas. Las dictaduras son la negación de la democracia.

P. Te preguntaba por los vacíos bibliográficos. Has mencionado dos motivos, ¿hay más?

R. Probablemente en el campo del pensamiento progresista hasta ahora no se había hecho un análisis a fondo.

P. Pero ha habido gobiernos socialistas que permitían encarar el pasado.

R. Diferentes socialistas lo han explicado: no remover la historia. Pero es también un problema de historiadores. No ha habido tampoco un estudio a fondo de lo que significaron los movimientos sociales. Entre otras cosas, porque el protagonismo de esa lucha, en ese periodo concreto, es fundamentalmente de Comisiones Obreras.

P. ¿No te puede el sentimentalismo?

R. Es lo que se deduce de los archivos de la policía. Todo lo que decimos son cosas que salen en los archivos de la policía, de lo Social, de la Guardia Civil o de los gobernadores. Y lo que dicen es que la movida por abajo la estaba haciendo Comisiones Obreras. Otras fuerzas no estaban organizadas en ese momento. No quiere decir que no participaran, que también, pero en menor medida. La fuerza de choque fue CCOO. Y en el campo político el PCE.

P. Incluso el protagonismo del sindicato es mayor que el del PCE.

R. Pero por una razón muy sencilla. Comisiones tiene la capacidad de movilizar. El PCE no convocaba huelgas. Quien tenía capacidad para politizar a los trabajadores por razones económico sociales era CCOO.

P. ¿Es la Transición española tan modélica como se nos ha tratado de vender?

R. La manera como acabamos con la dictadura fue un éxito porque se consiguió traer la democracia sin un enfrentamiento civil, sin una nueva guerra. Después de 40 años de dictadura, esa era una operación complicada. Y se hizo bien. Y a eso contribuyó mucha gente: el rey, Suárez, algunos políticos, los sindicatos. Pero el motor fue la movilización social. Ahora, la versión que se ha dado de que eso se hizo de forma natural, sencilla y tranquila, como si no pasara nada, es falsa. El período comprendido entre la muerte del dictador [noviembre de 1975] y las primeras elecciones [junio de 1977] hubo mucha represión, bastantes muertos, torturas y violencia por parte del régimen y de sectores ultras más o menos controlados por la policía. El Tribunal del Orden Pública (TOP) no desaparece, por ejemplo, hasta enero de 1977. Es decir, con Arias Navarro y Suárez sigue habiendo expedientes y se detiene a gente. 1976, cuando ya no está Franco, es el año que más expedientes abre el TOP.

P. Pasado el tiempo, ¿se puede decir que hemos alcanzado la orilla soñada?

R. España hoy es un país democrático, con una Constitución avanzada bastante mejor que muchas europeas. Es un país que ha conseguido un desarrollo social, cultural y económico espectacular. Estamos homologados con Europa. Tenemos un estado de bienestar, evidentemente mejorable, pero que existe.

P. ¿Y esas voces que dicen que “España se rompe”?

R. Es la propaganda tremebunda que hace la derecha. Evidentemente España no tiene el más mínimo riesgo de ruptura por ningún lado. Es la octava potencia económica del mundo. Crece a un ritmo espectacular, el triple de lo que crecen algunos países de Europa.

P. Pero te preocupa que la crispación de la vida política y mediática se traslade a la sociedad, a la calle.

R. Si se continúa con esta crispación exagera durante mucho tiempo por parte de los líderes del PP, diciendo que España se rompe, se rinde a ETA y demás barbaridades, la última la de Aznar diciendo en Catalayud que vivimos un clima como en los tiempos de la guerra civil, la crispación puede calar en la gente de a pie y se puede llegar a cierto enfrentamiento.

P. Mientras la derecha esté instalada en ese discurso y descuide el centro, ¿tiene posibilidades de recuperar el poder?

R. Creo que no. Porque el país no está en sintonía con ese discurso catastrofista y extremista. Ahora, eso lo deciden los votantes. Pero a la derecha no le resulta rentable ese tipo de discursos. Le iría mejor una postura más centrada, tolerante y menos crispada, lo que era la UCD. El núcleo duro del PP, los Aceves y compañía, como Aznar, no se sienten herederos del centro político.

P. Sácame del error. Tengo la impresión de que todos los que dicen ser de centro, cuando se discute con ellos, se revelan de derechas.

R. La pega de la derecha española es que es una derecha que tiene un componente muy importante de la época de la dictadura. Y ha estado haciendo concesiones importantes a la derecha extrema. El discurso del PP es más propio de la extrema derecha que de centro. En cambio, en Francia, cuando gana Sarkozy, un hombre de la derecha francesa, mete gente progresista en el Gobierno, dice que en todas las escuelas hay que leer una carta que escribió un joven comunista cuando fue fusilado por los nazis y lo primero que hace es ir a la tumba de la resistencia que luchó contra los nazis. Es decir, se siente heredero de los que lucharon contra los nazis. En cambio, la derecha española no se siente heredera de los que lucharon contra la dictadura.

P. Siempre has advertido del peligro que se corre al olvidar los 40 años de franquismo. De no recordar, las nuevas generaciones creerán que Franco fue un “estadista benevolente”, un abuelete que trajo algo de progreso a este país.

R. Cuando la historia no se cuenta, se desconoce. Las nuevas generaciones no saben lo que fue la dictadura. En los colegios no se llega a esa época. Y lo que les han contado es una película que tiene poco que ver con la realidad. Ahora empiezan a aparecer cosas sobre la guerra y la memoria histórica, pero hasta ahora no ha habido esa pedagogía. Un país se hace con la gente joven. Y no desarrolla una cultura democrática profunda si no hace una crítica a fondo de lo que es una dictadura. Y el libro que hemos escrito es una contribución a eso. Uno no es un demócrata profundo si no rechaza la dictadura. Por eso no entiendo a la gente del PP, que está por la libertad y la democracia, pero le preocupa condenar la dictadura. Supongo que obedece a que buena parte de sus votantes no estarían de acuerdo. Y, claro, condenar la dictadura cuando tienen de presidente de honor a un ministro de Franco [Manuel Fraga Iribarne].

P. ¿Qué hubiera pasado en Izquierda Unida si hubieras ganado la tercera asamblea?

R. No tengo ni idea. Es difícil de saber.

P. ¿Estaría mejor la coalición?

R. No lo sé. Creo que sí. Pero eso ya es muy opinable. La idea de Izquierda Unida era una buena idea que tuvo su momento y parecía podía ser un proyecto positivo. Pero no se quiso ir en una dirección mucho más abierta, tal como proponía el sector que renovaba más el pensamiento, y dominaron los sectores conservadores y tradicionales. El proyecto, en mi opinión, se ha malogrado. Ahora IU juega un papel positivo, y espero que lo siga jugando y tenga éxito. Están colaborando en ayuntamientos y en comunidades autónomas.

P. ¿Lo mejor que te ha dado la vida?

R. Lo mejor que he hecho en la vida es contribuir a crear Comisiones Obreras. Lo segundo, contribuir a que llegue la democracia a España. Son las cosas de las que me siento orgulloso en mi vida.

P. ¿Por dónde pasa el nuevo sindicalismo?

R. Veo muy asentado al sindicalismo español. Ha contribuido de manera magnífica a una política de concertación social que ha estabilizado el país y ha creado riqueza. Pero tengo dudas de si es tan positivo para la situación personal de la gente. Es decir, se ha contribuido a que el país vaya bien, pero el reparto no está siendo suficientemente adecuado. Preocupa leer estadísticas diciendo que la renta salarial ha perdido posiciones respecto a la renta nacional. Las empresas están ganando mucho dinero, cosa que me parece muy bien, pero me gustaría que se repartiera mejor. La gente tiene dificultades para llegar a fin de mes.

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