Desde luego, si el Ejército español estuviera mandado por Garzón y no por las nenazas que lo mandan, ya estábamos preparando un salvífico y patriótrico bombardeo sobre Tel Aviv, al objeto de borrar del mapa a ese estado terrorista, racista, confesional y genocida que se hace llamar Israel. ¿Cómo podemos estar todos tan tranquilos cuando Israel ha comenzado ya el exterminio de la población de Gaza? ¿Cómo se puede tolerar que un ejército poderoso someta a bloqueo a toda una región superpoblada y empobrecida, no permita que funcionen sus centrales eléctricas, apague hospitales, impida que se introduzcan medicinas y alimentos y cause incalculables muertos civiles cada día? Bueno, me dirán algunos, no estamos tolerándolo, que tenemos a los ministros de exteriores discutiendo qué hacemos. Pero leches, si no hay nada que discutir, y además, los ministros de exteriores donde tienen que estar en sus despachos con sus telegramas y sus cosas. En este asunto, quienes tienen que intervenir son los ejércitos de los países civilizados haciendo lo que se ha hecho con muchos menos miramientos en otras ocasiones en las que, además, había muchas menos razones para intervenir, como por ejemplo el caso de Irak: mandar a la aviación, que para eso la tenemos y sepultar a los terroristas entre toneladas de cascotes. Y los terroristas están en Tel Aviv y su banda organizada se llama Estado de Israel.

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