Ariaz CañeteDisculpen ustedes que llegue tarde, pero es que ayer viajé a Valladolid, antigua capital de nuestro imperio, a pronunciar una disertación que ya les resumiré sobre las mentiras de la Ley Electoral, en el Ateneo Republicano de la heroica ciudad castellana, y no pude hacerme cargo en su momento. Pero aunque sea tarde, no quiero dejar de hacer el gesto patriótico que ya habrán hecho otros antes que yo de dejar clara mi opinión sobre Arias Cañete: es un imbécil y un impresentable. Yo no sé cómo serán los camareros, o las camareras que atienden el desayuno o el aperitivo del mastuerzo este, pero desde luego, las que atienden lo míos son absolutamente cualificadas: dos búlgaras, una chilena y una colombiana, con una española en la concina. Y no me hace falta ni abrir la boca. Cuando entro, ya saben lo que quiero desayunar. Y les advierto a ustedes que no siempre desayuno lo mismo, porque yo soy de gustos muy variados.

No sé. A ver si lo que vamos a tener que hacer es exigir una mínima cualficiación moral a nuestros políticos…

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