Ariaz CañeteDisculpen ustedes que llegue tarde, pero es que ayer viajé a Valladolid, antigua capital de nuestro imperio, a pronunciar una disertación que ya les resumiré sobre las mentiras de la Ley Electoral, en el Ateneo Republicano de la heroica ciudad castellana, y no pude hacerme cargo en su momento. Pero aunque sea tarde, no quiero dejar de hacer el gesto patriótico que ya habrán hecho otros antes que yo de dejar clara mi opinión sobre Arias Cañete: es un imbécil y un impresentable. Yo no sé cómo serán los camareros, o las camareras que atienden el desayuno o el aperitivo del mastuerzo este, pero desde luego, las que atienden lo míos son absolutamente cualificadas: dos búlgaras, una chilena y una colombiana, con una española en la concina. Y no me hace falta ni abrir la boca. Cuando entro, ya saben lo que quiero desayunar. Y les advierto a ustedes que no siempre desayuno lo mismo, porque yo soy de gustos muy variados.

En fin, sólo espero que si el exministro xenófobo decide ponerme una querella o algo por llamarle imbécil, el juez entienda que estoy actuando dentro de los límites de la crítica política, porque es lo que estoy haciendo. Incluso estoy siendo suave, porque lo que se merece el sujeto este es que -siempre dentro de los límites que marca la crítica política- me presente en su casa con la sartén más grande que encuentre y le atice un sartenazo en toalacara ¿Pero cómo puede decir el tío que los inmigrantes -que llegan a este puto nido de nazis que es España para trabajar y para ser explotados por rubiacas olorosas y caciques como él mismo- vienen a hacerse las mamografías gratis y en un rato? Miren, por más que me esfuerzo en ello, no soy capaz de comprender como todo un ex-ministro y secretario de economía del segundo partido político de España puede hablar ante los medios de comunicación exactamente en los mismos términos que hablan de los inmigrantes los sectores más despreciables de nuestro querido lumpen. Luego vendrán las lamentaciones, y cuando se cuelen los putos nazis en el Parlamento de la mano de Cañete y otros, como pasó en Austria, algunos tendrán que explicar por qué alimentaron su discurso.

No sé. A ver si lo que vamos a tener que hacer es exigir una mínima cualficiación moral a nuestros políticos…

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