Uno de los comentaristas más ilustres y descreídos de este blog, además de gran viajero, reputado traumatólogo, y especialista en gastronomías eslavas, cuya identidad no puedo revelar, por por ser un secreto sellado con mi juramento, que es sagrado -ya habrán ustedes averiguado que se trata de don fhku– me recuerda con razón en mi reaccionaria entrada anterior que lo que tengo que hacer es hablar de cosas que nos resulten más cercanas que Cuba, como el canon digital, sobre el que, por cierto, prometí un post. Dejando de lado que la opresión y la falta de libertad de los cubanos es para mí algo mucho más cercano que el canon digital, que francamente, me la refanfinfla pagarlo o no, he de reconocer que en su día les prometí a ustedes una entrada sobre ese tema, y como lo prometido es deuda, y sucede que me da la gana pagar esa deuda, porque si no me diera tal gana, no la pagaría, pues voy a hacerlo -pagar la deuda, quiero decir- como a continuación tiene lugar:

El canon, tal y como está concebido, es un impuesto indirecto que grava el consumo de aquellos productos que son susceptibles de almacenar información en formatos digitales. Y un impuesto, por definición no puede ser gestionado por una entidad privada que representa intereses privados, entre ellos los de la industria de la cultura; se trata de un impuesto que se cobra de manera universal, pero sobre el que el estado no puede realizar ningún control, ni mucho menos garantizar que el dinero recaudado se dedique a proteger realmente los derechos de los creadores.

Por otra parte, el canon es contradictorio, ya que fomenta claramente la piratería. Si se hace pagar a quien compra un CD por la posibilidad de que en algún momento almacene en él información protegida por derechos de autor, se le está legitimando para que consiga esa información sin comprarla, es decir, bajándosela de internet, ya que ha pagado por ella mediante el canon.

Es evidente que hay que buscar la forma de proteger los derechos de autor y combatir la piratería sin penalizar a quienes no la practican y, si se establece algún tipo de canon, este debe tener control estatal, no debe atentar contra los derechos de los consumidores y usuarios, ni generar un retroceso en los avances en la democratización del acceso a la información y a la cultura que han permitido las nuevas tecnologías.

Venga... meta ruido por ahí



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