La dictadura china

El deporte tiene un no se qué de siniestro, sobre todo en nuestros días. Los que me conocen bromean con el tema cuando lo saco, piensan que lo digo en broma, pero no es así. Aparte de la evidente falta de educación que supone practicar en público cualquier actividad que exija una ducha posterior, está el tema de la competitividad violenta y desaforada que hay, hoy en día, detrás de cualquier práctica deportiva. Sé de un grupo de amigos míos y conocidos que se reúnen a jugar al baloncesto una vez por semana, a pesar de mis severas admoniciones, y en unos años se han  generado entre ellos rivalidades realmente desproporcionadas para un conflicto que se reduce a intentar hacer pasar más veces que el contrincante una pelota naranja, rayada y granulosa por el aro. El deporte es chungo. Hoy, una vez más, lo ha demostrado una atleta olímpica. Antes de irme a clase de ruso, me he afeitado, y he puesto la radio, para acompañar tan aburrida y prosaica actividad, y hete aquí que estaban entrevistando a una atleta olímpica sobre las posibilidades de boicot de los países civilizados a las olimpiadas de Pekín, no ya por las matanzas y la represión de estos días en el Tibet, sino por una larga trayectoria de violaciones sistemáticas y continuadas de los derechos y las libertades de las personas. Y la atleta, una tipa siniestra, venía a defender la celebración de los juegos con el argumento peregrino y terrible de que los políticos lo estropean todo, que hacen de todo política, y que politizar los Juegos Olímpicos a quien viene a perjudicar es a los atletas “que somos la guinda del pastel“. Aparte del engreimiento de la guinda esta, es terrible que el afán de competencia, victoria y honores a toda costa de estos deportistas estrella les conduzca a la insensibilidad terrible de pensar que son los perdedores de un conflicto que pasa por el ajusticiamiento público de un tiro en la nuca y sin ningún tipo de garantías de delincuentes menores o por la represión de las libertades más elementales, que precisamente estos días se materializa a sangre y fuego en el Tibet. China es una dictadura terrible, sangrienta y miserable que debe ser boicoteada. No se deben celebrar los Juegos Olímpicos de Pekín, al menos no se deben celebrar con el concurso de los atletas de los países democráticos, como no se deben establecer relaciones comerciales nidiplomáticas ni de ningún otro tipo con China hasta que no se acabe la dictadura.

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