Soy afiliado a CCOO y antes lo fui de UGT. Nunca me habría planteado ninguna otra opción desde mi concepción de que el sindicalismo no sólo debe defender los intereses de los trabajadores y trabajadoras de su sector, sino que deben tener en cuenta a los trabajadores y trabajadoras en general. Esta realidad es especialmente importante y significativa en el sector público. Utilizando el ejemplo de mi sector profesional, los sindicatos de enseñanza deben tener en cuenta los derechos de profesores y profesoras, pero también los de los trabajadores y trabajadoras que llevan a sus hijos e hijas a los centros educativos. Lo mismo podíamos esgrimir sobre los sindicatos de la sanidad, del transporte, de las administraciones públicas, etc. Pues bien, como resultado de la corporativización, así como de la mayor permisividad existente entre los gestores públicos, muchos de los cuales procedemos de los propios movimientos sindicales; los sindicatos, y a veces, sobre todo los de clase, vuelcan la presión reivindicativa y movilizadora sobre el sector público y abandonan a los sectores más desfavorecidos de la clase trabajadora. El efecto está siendo una cada vez mayor separación, tanto en salarios como en condiciones laborales, entre el funcionariado y demás personal directa o indirectamente ligado al sector público, y los hombres y mujeres que trabajan en la empresa privada, sobre todo en las pequeñas y medianas; dando lugar a la creación de una “aristocracia obrera” envidiada por aquellos y aquellas que están sometidos y sometidas a duras condiciones laborales y bajos salarios.

Sigan leyendo a José Ramón en La Aldea Gala. Esta es la tercera de una interesante serie de entradas sobre IU. Aquí les dejo la 1 y la 2.

Yo, por mi parte, sigo con mis vacaciones, así que si tienen algo que decir, lo dicen allí.

Venga... meta ruido por ahí