Portada del primer tomo de Las mentiras del 19-A¿Recuerdan ustedes la heroica lucha en busca de la verdad sobre el mundo, el demonio y la carne llevada a cabo por aquel blog que fue ejemplo para todos y que llevaba por discreto nombre Pezones blancos? Yo, que lo recuerdo todo, sí lo recuerdo, consecuentemente. Pues bien, navegando por mi disco duro en busca de un texto antiguo, que como todo lo que se busca, no he encontrado, sí he encontrado en cambio, y sin buscarlo, el prólogo que los autores de los Pezones Blancos me pidieron para el primero de los tomos en los que agruparon las conclusiones de sus arriesgadas himbestigaciones. Como esos tomos ya no se pueden encontrar en las librerías, de hecho, nunca se pudieron encontrar en ellas, por la sencilla razón de que nunca estuvieron en otro sitio que en la imaginación de sus prólíficos autores, aquí les dejo el prólogo que les escribí, y que seguro que no han leído ustedes. Tendrán que perdonar, señores amigos míos, que les traiga textos antiguos, pero como bien saben, estas semanas tengo una crisis productiva y me he puesto en huelga de teclas apretadas hasta Dios sabe cuándo. Vamos, que no estoy escribiendo más que lo imprescindible… Así que aquí está el prólogo antedicho.

 

“Pasaron ya aquellos tiempos
en que para que a uno le enterraran
con un mínimo de dignidad
tenía que ser Emperador
del Alto y del Bajo Egipto”

 Yo Mismo, 27 de abril de 1982

Tengo para mi interioridad que los historiadores neolargocaballeristas Cesar Vidal y Pío Moa pretenden engañarnos a todos cuando sostienen con discreta contundencia -o incluso en orden inverso de reciprocidad convexa, aunque eso viene poco al caso- que la guerra civil empezó en el año 1934. No es cierto, y lo saben bien, por más que afirmen, una vez detrás de otra, y así sucesivamente, que el pistoletazo de salida de la guerra fuera el golpe de estado que dieron en Asturias los mineros socialistas y en Barcelona los intelectuales Azañistas. Algún día, Moa y Vidal tendrán que explicar ante el postrero tribunal de sus conciencias -si es que las tienen- el por qué se empeñan en proclamar tal infundio. Porque, además y para más inri, los incendios de Galicia poco tienen que ver con el guerracivilismo innato de todos aquellos que ven a Paquirri como el protomartir de la justa lucha contra los festejos taurinos, tan propia de la antiespaña como ajena a los amigos de la libertad. Por eso, y por muchas cosas más, queremos de sabé.

Todos sabemos, y si no todos, casi todos, o en el peor de los casos, una miaja menos que todos, pero muchos al fin y al cabo, que la guerra civil empezó, en realidad, en el año 711, cuando ese precursor del maroto Zapatero que fue el Conde Don Julián entabló negociaciones con el mismísimo moro Musa para arrebatarle la Corona a su legítimo poseedor, que no era otro que el Rey Don Rodrigo, sucesor legítimo de don Witiza. De aquellos polvos vinieron estos lodos. Hoy todavía, queremos de sabé qué ocurrió entonces, con qué apoyos contaba el conde felón y ateo, qué papel desempeñó el PSOE en aquella primera venta de nuestra patria al moro. Queremos de sabé si Carod Rovira tuvo que ver algo con aquellas negociaciones que sospechamos que se materializaron en catalán. Y sobre todo, Queremos de saber si no fue entonces cuando se fraguó la alianza de civilizaciones. ¡Zapatero embustero!

Hay pruebas -y están a buen recaudo- de que los moros de Musa venían apoyados por un grupo de vascos muy brutos. Los hechos nos dan la razón, y si no nos la dieran, sacaríamos a la luz unas líneas de investigación que estamos siguiendo en estos momentos, aunque sin descartar ninguna otra, y menos que ninguna la propia línea de la concepción que está siempre presente en nuestras pesquisas. Queremos de sabé por qué los moros no llegaron nunca a las tierras vascas. Sospechamos incluso que, una vez en suelo español, brindaron con cava catalán, y queremos explicaciones por ello. El Presidente debe ir al Parlamento. O que dimita la vicepresidenta. Y eso no es que lo digamos nosotros, ni que lo digan ellos, es que lo dicen fuentes de toda solvencia consultadas por El Mundo. Ahí es nada.

No se empeñen los neolargocaballeristas chequistas y pocohombres en ocultarnos la verdad, porque la verdad resplancerá más pronto que tarde. No podemos tolerar lo que no podemos tolerar, y decimos más: no vamos a admitir que por ello se nos acuse de intolerantes, porque creemos en la libertad por encima de todas las cosas. Por estas y por muchas otras razones, los españoles decentes nos miramos cada mañana en el espejo y nos decimos en la soledad de nuestras abluciones matinales, sabedores de que lo que decimos y oímos nosotros lo dice y oye España propiamente dicha: queremos de sabé.

Y ponemos la COPE.

Me piden los autores de ese blog indigno que se ha dado en llamar Pezones Blancos que prologue uno de los tres soporíferos tomos en que piensan refundir toda su obra. Ello me honra, y por eso he escrito estas líneas que creo que han colocado a cada cual en su sitio;  pero más les honra a ellos, sin duda, porque van a aumentar su prestigio con la inclusión de mi firma en sus páginas. Así que procedo a honrarles y firmo a continuación estas líneas que he escrito sin consultar obra de referencia o monográfica alguna, tal es el elevado nivel de conocimientos generales que me adornan que no me hace falta acudir a otros, sin duda más ignorantes que yo, para lograr citas u obtener datos. Concluyo, pues, como no podía ser de otra manera, con una bella e inflamada frase que le dedicó Sir Winston Leonard Spencer Churchill a su segunda secretaria una de esas tardes de otoño inglés en que todo huele a lluvia, salvo el pastel de riñones, que huele a pastel de riñones: “¿Agnes, viene ese té o voy a tener que traérmelo yo mismo, jaca?”

Venga... meta ruido por ahí



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