Mariano RajoyNo es que yo vaya a defender a don Mariano Rajoy, pero ganas me dan, oigan ustedes. Que cada día me está cayendo mejor a mí este hombre. Además, como lo mismo vamos a reeditar la pinza de depilar sociatas, pues más vale ir preparando el terreno. Ha dicho Ana Botella que el abandono de la franquista María San Gil es seña inequívoca de que Rajoy y su proyecto para el PP se están alejando de los principios, porque en el ala ultramontana del PP, ya saben ustedes, de Esperanza Aguirre para la derecha, pues parece que piensan que “los principios” son sus principios.

A mí, la verdad es que esto que está pasando en el PP me provoca una curiosidad que puede ser incluso morbosa o malsana. Es bueno que por fin se escenifique de cara al público que en España hay también una extrema derecha, y que, como vengo sosteniendo hace años, está en el PP. Parece que por fin se quitan la careta la Presidenta de la Comunidad de las Maravillas y algunos de sus amiguetes, como Ana Botella, y los netamente franquistas San Gil y Mayor Oreja. Por otra parte, se vislumbra en la lejanía la posibilidad de que en España haya un día un partido de derechas conservador o liberal, y no neofascista a la italiana, como ha sido el PP hasta ahora. La duda es si las bases y el electorado del PP apoyan una u otra opción. Supongo que esa duda la resolveremos en mayo: si gana Rajoy, en España habrá una derecha democrática, si Rajoy resulta decapitado por Aguirre y su derecha, pues no habrá derecha democrática en España. Ni podrá haberla, porque son las bases del PP las que habrán optado por no apoyar a Rajoy.

En el PP estos días hay mucho nominalismo, que duda cabe, mucho debate de nombres y mucho quítate tú que me pongo yo. Eso, en un partido político no se puede evitar, y mucho menos en un partido que toca el poder real. Pero por debajo de ello, está habiendo sin duda un debate de ideas, que de vez en cuando emerge a la superficie. Rajoy ya ha dicho que su proyecto pasa por el mantenimiento del estado del bienestar -al margen de la diferencia que pueda haber entre lo que Rajoy entienda por estado del bienestar y lo que entendamos en la izquierda, pero eso ciertamente no es objeto de esta entrada-, y Aguirre no ha respondido, pero a la vista está lo que está haciendo en la Comunidad de Madrid, en la que ocho de cada diez plazas educativas públicas son concertadas, mientras que en el resto de las comunidades, incluidas las gobernadas por el PP, la proporción es justo la contraria. Es muy posible que Aguirre no opte en esta ocasión al liderazgo del PP. O sí, como ha dicho ella misma, pero no hay que engañarse: si como parece no se presenta, no será porque comparta proyecto con Rajoy, sino porque las cuentas no le salen como ella quisiera.

Mientras que en el resto de Europa la derecha está distribuida en partidos políticos de carácter liberal, demócrata cristiano, conservador y neofascista, en España, todas estas sensibilidades conviven en un solo partido en el que la rama neofascista -¿qué diferencia hay entre Gianfranco Fini y José María Aznar, Ángel Acebes o Eduardo Zaplana?- ha tenido hasta ahora la sartén por el mango. La decisión de Mariano Rajoy de someter al veredicto del congreso del PP lo que José María Aznar creyó que dejaba atado y bien atado es, en mi opinión acertada. Ahora queda ver sí los liberales, los conservadores y los demócrata cristianos que haya en el PP serán capaces de desbancar de la dirección del partido a la rama neofascista y si -esto ya creo que es pedir demasiado- tendrán el valor de desembarazarse del neofascismo no ya en la dirección del PP, sino en el propio PP.

Y una duda más: si será Mariano Rajoy -que ha sido a fin de cuentas el máximo responsable del PP en estos años de los que sin duda algún día se avergonzarán- la persona más indicada para llevar a buen fin este proceso en el PP. Pero eso quizás sea tema para otra entrada que no sé si escribiré.

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