No, no sé si Rajoy nombrará a Gallardón secretario general, ni sé qué es exactamente lo que quiere decir don Mariano cuando afirma que cuenta con el Alcalde de Madrid para la dirección del partido. Eso es muy ambiguo, y lo mismo puede ser que le va a ofrecer el cargo antedicho, como que le va a consultar cada siete semanas y media. La duda que he resuelto es la que ronda esta su casa -es un decir, porque esto es mi blog, ténganlo muy claro- desde que me ha dado por escribir sobre la crisis del PP. ¿Sigue siendo franquista la derecha española?

No hay otra respuesta posible que sí, me he dado cuenta hoy, después de releer el post de don Fritus que cité ayer, y durante la tertulia que entretiene cada mañana mi cotidiana ingesta de churros y porras. Es clara la cosa: las derechas europeas tienen sus referentes políticos en personajes que se caracterizaron por su lucha contra el fascismo y por la democracia, mientras que la actual derecha española tiene su origen, precisamente, en la dictadura franquista. Mientras la derecha española, como hacen sin problema alguno sus correligionarios europeos, no reniegue de ese pasado -y no lo han hecho, como queda patente con la polémica en torno a la memoria histórica- no romperá su cordón umbilical con el franquismo.

Placas en Berlín¿Han estado ustedes en Polonia? Allí no se puede dar un paso sin encontrar en cada esquina una plaquita que homenajea a un vecinos del inmueble que dieron su vida en la resistencia al fascismo o a unos parroquianos que fueron enviados a la profunda Siberia durante los años duros del comunismo. Y es visto con naturalidad por la gente, porque esas placas las ponen, o las pusieron en su día, los propios vecinos de las víctimas del totalitarismo, que aún hoy, mantienen flores frescas en muchas de ellas. En Berlín, en los lugares exactos donde fueron detenidos por la Gestapo o por las SS los luchadores antifascistas, los judíos, los gitanos, los enfermos o los homosexuales, falta un adoquín del suelo -lo pueden ver en la foto que acompaña estas líneas-, y está sustituído por una pequeña placa que explica quien era el detenido y cuándo y por qué cayó. En las puertas del Reichstag hay un pequeño museo callejero que muestra las fotografías de quienes fueron asesinados por intentar hacer algo tan simple y cotidiano hoy día para nosotros como atravesar una frontera. ¿Por qué la derecha española no puede hacer borrón y cuenta nueva?

Esa es una duda que será más complicada de despejar que la anterior, básicamente porque la respuesta la tienen que dar ellos, y es evidente que no están por la labor. Pero la derecha española tiene un pecado original que nos permite preguntarnos si los llamamientos a la moderación y al cambio que está haciendo Rajoy son sinceros y si esa hipoteca que mantienen con el pasado les impide tener hoy posiciones netamente democráticas.

Ala, a lincharme.

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