No es cierto lo que dicen quienes quieren evitar que todo sea como debe ser, como tampoco lo es lo que afirman quienes pretenden que el ser mantenga su poder ilegítimo y violento sobre el deber ser, de que las cosas no estén claras. Muy por el contrario, nosotros pensamos que las cosas no sólo están claras, sino que están nítidas, diáfanas, pulcras, e incluso transparentes. Es más, diríamos también, porque si no lo hiciéramos, pecaríamos de mojigatos, gazmoños, puritanos y melindrosos, que están inmaculadas, impolutas y albas, y por no callarnos, nos atreveríamos incluso a decir que están como están, y no de otra manera. Pero no queremos ir a dónde no debemos ir, y de ahí que callemos ciertas cosas que, en nuestra opinión, no es bueno que se digan, al menos, de momento.

Por este motivo, y por otros que ahora no vienen al caso, pero que si vinieran en el futuro, o incluso en el porvenir, pondríamos negro sobre blanco, o azul sobre amarillo, o rojo sobre beige claro, en función y en clara dependencia de la tinta y el papel que usásemos para plasmar nuestras ideas, los abajo firmantes, que somos los que conocemos la verdad, queremos enumerar una serie de cosas. Y para ello, vamos a utilizar las cifras árabes, y no las romanas, sin que deba percibirse en tal decisión concesión alguna a ninguna de las ideas contra las que reñimos en nuestro diario transitar por la existencia; y ello es así por dos razones, fundamentalmente, que deben ser dichas hora, y no más adelante: no tenemos claras cuáles son nuestras ideas, y por ende y en razón de lo antedicho, no tenemos claras, tampoco, las ideas que combatimos.

Pero somos conscientes de que la coyuntura es la que es, y no queremos dejar que se pierdan en el infinito imponderable del olvido algunos de los acontecimientos o sucesos que la actualidad nos depara con una generosidad que nos emociona, nos trastorna, nos inquieta y nos alarma, por este orden y no por otro, pero que no nos produce ninguna sensación desconocida que nos haga sospechar que pudiésemos precisar atención facultativa.

Es fundamentalmente por esta última razón, y no por ninguna otra, por la que, siempre en el marco de lo que hay, y dejando aparte lo que no hay, queremos realizar las siguientes afirmaciones, conscientes de que al hacerlo dejamos en el foro público unas ideas que ni vienen al caso, ni vienen a ninguna otra parte, ya que es bien conocido por todos (y como no podía ser de otra manera, también por todas) que las ideas no tienen forma física, que no ocupan volumen ni espacio alguno, y que por lo tanto no tienen capacidad de movimiento. Una vez más, la sabiduría popular concentra en pocas palabras lo que nosotros, profesionales de la manifestación pública de ideas, somos incapaces de decir sin el concurso de al menos un folio y doscomasiete mililitros de tinta: “el saber no ocupa lugar“.

Llegados a este punto de nuestro manifiesto, somos incapaces de recordar con exactitud lo que queríamos decir, y por lo tanto, no lo vamos a decir. Sin embargo, es nuestra voluntad que queden patenten nuestra intención indubitada y nuestro enérgico arresto por poner los puntos sobre las íes. Por ello, nos comprometemos públicamente a que, en caso de que recordásemos lo que queríamos decir, lo diríamos sin miedo, salvo que algo nos asustara, y sin frío, salvo que la recuperación de la memoria ocurriese en alguno de los inhóspitos meses de invierno.

Es nuestra voluntad decirlo así y por eso lo hemos dicho de esta manera.

Firmado: los que conocemos la verdad (pero no nos acordamos de ella).

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