El Fiscal General del Estado, tan preocupado el hombre por las caricaturas de sus majestades, o por la quema de sus ilustres retratos, pero tan flexible cuando la ofensa consiste en acusar al Rey de tramar un golpe de estado; don José Luis Rodríguez Zapatero, un hombre con una cintura política tan ancha que se le puede acusar tranquilamente cada mañana a través de una emisora de gran audiencia de estar detrás del atentado más sangriento de la historia de España; el PSOE, un partido político tan amable, tolerante y talantoso que permite que se le acuse un día sí, otro también, de estar desmantelando la democracia y dividiendo España; Izquierda Unida, a la que con cierta frecuencia se responsabiliza desde los micrófonos de los obispos de estar detrás de los crímenes de Stalin, de forma retroactiva, se entiende, y de ser una formación proetarra, o el Gobierno de la Nación, que no dice esta boca es mía cuando los obispos subvencionados, a través de su periodista estrella, acusan a agentes de la policía, con nombres y apellidos de ser cómplices en los atentados del 11-M, de ocultar pruebas, de asesinar a aquellos a los que se ha hecho cargar con la responsabilidad del atentado, “unos pobres moritos”, en boca de don Federico. Todos estas personas, instituciones y partidos han sido unos cobardes que no se han atrevido a intentar plantar cara a la impunidad con que Federico Jiménez Losantos, cada mañana, a través de la emisora de los obispos subvencionados ha difundido bulos, rumores, mentiras, injurias y calumnias contra quien se le ha puesto por delante. Al final, ha sido un político de derechas, bastante de derechas, por cierto, don Alberto Ruiz Gallardón, Alcalde de Madrid, el que ha decidido no permitir que el insulto y la calumnia queden impunes, el que ha decidido no permitir que desde los medios de comunicación se pueda acosar impunemente a personas e instituciones. Y, como no podía ser de otra manera, ha ganado la batalla: Federico Jiménez Losantos ha sido condenado en primera instancia a pagar una multa de 36.000 euros. Y está que trina el hombre.

Hoy, la libertad de expresión, la libertad de información, la democracia y la decencia están de enhorabuena. Felicitémonos por ello.