A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

Es muy difícil señalar un punto de inflexión o un simple amago de descenso en la siempre creciente curva de la represión totalitarista del estado español. Para localizar un intérvalo de cambio asintótico o destrempe de la inmisericorde tendencia creciente, deberíamos retroceder hasta uno de los momentos más cómicos (1) de la historia de “nuestra” patria (televisiva). Las moqueadas narices del ex presidente, con sonoridad castrense mal disimulada, hacían cuadrarse a los poderes en la sombra. La patria no estaba para experimentos más allá de los 40 de Ayete y, como suele decirse, todo debía quedar atado y bien atado, Arias “el chocheador” incluido. Lo que vino después, ya es historia (2).

No era una foto cualquiera la que prendieron los jóvenes independentistas; era la foto de los reyes y, además, la quemaron del revés, boca abajo, haciéndole subir a otros la sangre a la cabeza. Que la “justicia” española no es imparcial no lo vamos a discutir. Los peores sátrapas, los mayores sinvergüenzas y los canallas linajudos gozan de inmunidad de facto. Aquí no se trata tanto de discutir la legalidad de ciertas decisiones o inhibiciones judiciales como de preguntarse por el origen de las mismas. Como ya fue explicado a sueldo del politburó habanero (4), los banqueros, los auténticos propietarios de España, pueden permitirse cometer tropelías diversas con total impunidad, mientras que a los ciudadanos más modestos no se nos pasa ni una (5).

Pero en el caso que nos ocupa no se trata de que el estado no pase ni una según se tercie, que a fin de cuentas debería ser un objetivo de la buena justicia que el “no pasar ni una” se generalizase, sino del innegable tufillo nacionalista que rezuma el proceder de esa cegata intencionada que algunos peleles consideran verdaderamente ciega (6). La cegata no es intencionada por sí misma, sino que dicha intencionalidad surge de los poderes que así permiten que sea. Esos poderes (PEF), de la mano de sus títeres (7), han sido capaces de perpetrar leyes ad hoc (8) para encarcelar a múltiples personas por delitos que no han cometido (9), salvo que negarse a condenar un acto terrorista, por ejemplo, se considere una prueba irrefutable de pertenencia a banda armada (10).

Los agravios comparativos que se pueden poner sobre la mesa son extremadamente lacerantes. El independentismo, guste o no, está plenamente justificado, moral y políticamente, porque si el estado en el que vives utiliza la represión como herramienta política, una de las salidas más lógicas a dicha represión es la búsqueda de la independencia. Los que sentaron en el trono al heredero dactilar (11) no se pueden permitir que los ciudadanos reflexionen o empleen lógica alguna en sus razonamientos políticos, de ahí que repriman con inusitada agresividad cualquier signo de disidencia o heterodoxia, legislando a la carta y teledirigiendo a la fiscalía para que dicha represión se vista con una coartada de legalidad, tan distanciada de la legitimidad como próxima a la impunidad. Independentistas, republicanos y anarquistas deben ser borrados del mapa político.

Desde La Habana me preguntan: ¿cómo cuadra tu defensa a ultranza de la Lógica con tu distanciamiento del independentismo? Mi respuesta es que quizás se deba a cierta sobredosis de ingenuidad. No obstante considero que, a día de hoy, si nos atenemos a la línea de actuación del TOP juancarlista, quemar una foto de los reyes es un acto de resistencia civil moralmente justificado.

Notas:

(1) La comicidad surge del profundo sentimiento demostrado por Arias Navarro, absolutamente inigualable, incluso para el más superdotado de nuestros cómicos.

(2) Uno de los documentos más completos para conocer con mayor exactitud al sucesor del general fascista es el libro escrito por Patricia Sverlo, “Un rey golpe a golpe“.

(3) Eufemismo de Tribunal de Orden Público (TOP juancarlista en nuestros días).

(4) Tanto dona, condona tanto.

(5) En “Los otros impuestos“, Javier Ortiz escribe: “es bien sabido que la Agencia Tributaria controla de manera implacable a los trabajadores por cuenta ajena, pero que no tapona los pasos subterráneos por los que se alivian las rentas más altas.

(6) La “justicia” española.

(7) Los partidos políticos con representación parlamentaria.

(8) P.e. La Ley Orgánica 6/2002.

(9) El sumario 18/98 del TOP juancarlista, por ejemplo.

(10) De estar en la misma situación de tantos perseguidos por el TOP juancarlista, servidor se negaría a condenar los atentados de ETA, por muy reprobables que me parecieren.

(11) Juan Carlos, desigando a dedo por Franco y capaz de traicionar a su propio padre. La historia se repetiría años más tarde con la designación dactilar de Mariano Rajoy por parte del entonces líder parlamentario del fascismo, José María Aznar.

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