El ejército colombiano ha liberado a Ingrid Betancourt y a un amplio grupo de rehenes de las FARC, la guerrrilla colombiana, que llevaban años secuestrados y peregrinando por la selva. Todos nos alegramos por ello. Sin embargo, de ahí a considerar a las FARC un grupo terrorista hay un trecho muy largo en mi opinión, a pesar de las declaraciones que el presidente del lobby de conductores borrachines, José María Aznar, anda haciendo estos días desde la plataforma de la FAES.

Las FARC, como ejército en guerra que son, hacen cosas reprobables. Algunas  de ellas -el secuestro de Betancourt y de otros rehenes- se pueden considerar, sin duda, alguna como actos terroristas. Sin embargo, las FARC son hermanas carmelitas al lado de otros ejércitos en guerra, como, por ejemplo, del ejército de los Estados Unidos en Irak, con sus centros de internamiento y tortura de rehenes de Abu Graib y Guantánamo, o Israel con sus bombardeos inteligentes.

Y si quieren leen al cada día más preclaro don Hugo: Las FARC y la realidad, y ven allí cómo el indito al que mandó callar Su Majestad habla tan preclaro, al menos, como don Hugo, que no es poca cosa, pide a las FARC que liberen a los secuestrados, y les advierte que se están convirtiendo en un pretxto del imperialismo para ejercer presión en América Latina.

Venga... meta ruido por ahí



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