A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

Uno de los más sólidos argumentos para demostrar la podredumbre del sistema capitalista bajo el que se organizan nuestros estados nace de los privilegios que recíprocamente se dispensan los Gestores y los Dueños de los mismos. No me refiero a un intercambio de dádivas o favores, sino a un sutil engranaje totalitarista cuyo único fin se justifica en la perpetuación del poder de clase: los Dueños eligen a dedo a los Gestores, que a su vez se encargan de que al citado engranaje no le falte combustible y lubricación. Una gestión eficiente será recompensada por los Dueños con una porción de pastel o una butaca en el consejo de administración que corresponda.

¿Saben lo que es una cesión de crédito? “Es un contrato por el cual el que tiene un crédito le transmite los derechos a otro con el que, generalmente, tiene una deuda” (1). Durante los años 80, uno de los Dueños del Estado, un tal Emilio Botín, comercializó a través de su banco este producto financiero, que no era más que “un tipo de inversión por la que el banco traspasaba a una tercera persona el riesgo de un crédito contraído con una empresa, sin que se practicaran, en la mayoría de los casos, retenciones a los rendimientos”. De este modo “el banco se evitaba el pago de las retenciones a Hacienda, que suponían entre el 20% y el 25% de los rendimientos” (2). Tras muchos años peleando en los tribunales, el responsable de la acusación particular en este caso y accionista del banco en cuestión falleció. Los Gestores del Estado no se personaron entonces como acusación contra el Dueño (como es lógico) y, para no dejar cabos sueltos, el Tribunal Supremo dejó establecido que la acusación popular no bastaba para iniciar o continuar un litigio. Era la denominada “doctrina Botín”.

Paralelamente, mientras los Dueños se mofan de los tribunales (3), los Gestores tratan de financiarse. En España hay dos Gestores principales y pueden elegir entre dos métodos de financiación. Por un lado están las donaciones, por las que determinados anónimos les “regalan” dinero, y por otro las condonaciones, que no son más que la deuda perdonada por los Dueños a los Gestores. Claro, los Gestores necesitan mucho dinero para convencer a la gente mediante la propaganda y ese dinero se lo prestan los Dueños. Pasados unos años, los Dueños condonan parte de la deuda adquirida por los Gestores. En el caso de las donaciones, el proceso es exactamente igual pero se realiza de forma “oficiosa”. Llegado el momento, los gestores se encargarán de devolver el favor, por ejemplo, inhibiéndose en un caso como el de las cesiones de crédito del Banco de Emilio Botín o concediendo suculentos contratos públicos a empresas participadas por dichas entidades financieras.

Como se puede observar en esta tabla, los dos grandes Gestores de nuestro país se reparten buena parte del pastel ofrecido por los Dueños. Durante el periodo 1993-2002, mientras unos (PSOE) se beneficiaron de una suma de condonaciones por valor de 17 millones de euros, los otros (PP) recaudaron una cifra similar en concepto de donaciones. Las cifras totales de ambos partidos son muy parecidas; tanto dona, condona tanto, Isabel como Fernando. Lo importante es que el engranaje funcione para que el círculo de poder, construido a través de estudiados equilibrios, no se vea amenazado. El resto de Gestores deben conformarse con las migas de un pastel cada vez más polarizado en la figura de los dos grandes, y en algunos casos limitan su participación a engranajes secundarios, tales como administraciones autonómicas o locales. Si un individuo o un grupo aspiran a Gestor, necesitan dinero, y es obvio que la financiación procede exclusivamente de los Dueños. Se trata de un sistema tan eficiente como hermético.

Desde La Habana me preguntan: ¿Qué pinta el pueblo en un sistema como ése? Mi respuesta es que de vez en cuando metemos unos papelotes dentro de los placebos democráticos (4) pero en realidad no pintamos nada.

(1) Yahoo respuestas

(2) Rafapal

(3) Los grandes tribunales son nombrados por los Gestores para asegurar un funcionamiento “adecuado” de los mismos.

(4) Urnas.

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