No, pues que durante estas vacaciones tan catalanas de las que he disfrutado, he tenido a bien engullir todos los cuadrúpedos que se me han puesto en el camino sin diferenciar tamaño, clase y condición, aunque mostrando cierta preferencia por el rico gorrino. Y cuando he vuelto la dura realidad, pues una extraña coyunda entre mi médico de cabecera y mi prima, que son ambos bípedos, galenos, bordes y gordos, que tiene guasa la cosa, me han hecho un análisis de sangre y aseguran -con esa voz tan antipática que ponen los médicos cuando limpian el potro- que me estoy grasificando, así que me han puesto a dieta. Como podrán ustedes comprender, el asunto me ha puesto de un humor losantiano y ya les digo yo que ésto no va a quedar así. Que la venganza es un plato que se sirve frío, como las ensaladas, aunque esto último sólo lo sé por terceros, porque yo nunca he probado una. En fin, que alguien tiene que pagar el pato de esto que me ha pasado, así que me dispongo a crispar esto, que ya basta de buenismo zapateril estival.

¡¡Zapatero dimisión!!

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