Lo que ha cambiado de verdad es el estado de Rusia. Tras 15 años de ignominia interna y externa, que incluye la catastrófica y bárbara guerra de Chechenia -mucho peor en sus consecuencias sobre la población que la aventura de Saakashvili-, Rusia está recuperando su dignidad nacional. No son “ambiciones imperiales”, como se dice, sino elementales intereses vitales en zonas limítrofes, como oponerse a que se aniquile a sus ciudadanos, o a que se militaricen sus fronteras más inmediatas utilizando el caldo de cultivo de régimen vasallos de una potencia lejana, intervencionista y agresiva. En la actuación de Rusia, hay mucho de discutible, pero geopolíticamente sus razones están claras y, geográficamente, son mucho menos ilegítimas que las invasiones de Iraq, Kosovo, o cualquier otra aventura lejana de la metrópoli imperial.

Lean completo este interesantísimo artículo de Rafael Poch, corresponsal de La Vanguardia en Pekín en su blog Diario de Pekín. He conocido el artículo gracias a un comentario de don Lucién, siempre alerta contra las tretas de Falsimedia, que con la operación de pacificación rusa en Osetia del Sur se está esforzando mucho, mucho, mucho.

Volvemos, pero volvemos poco a poco. Mañana, o esta tarde, ya veremos, les cuento que este año es el último de mi suscripción a El País, aunque como yo soy una persona decente y temerosa de Dios, no les daré el teléfono para que se den de baja.

Venga... meta ruido por ahí



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