Los barcos americanos se pasean como pedro por su casa por el Mar Negro, en una provocación tan intolerable como intencionadamente dirigida a involucrar a los países de la Unión Europea en una posible escaramuza militar con Rusia, retando a las fuerzas de paz rusas que custodian puertos georgianos con el fin de evitar que que vuelvan a ser plataforma de nuevas agresiones a las repúblicas independientes de Osetia del Sur y Abjasia, que, por cierto, ya están tardando en reconocer los países de la UE, como se apresuraron a reconocer el gobierno del ustaci Franjo Tudjman hace diez años, dándole alas para comenzar, en alegre colaboración con los serbios de Karadzic, la matanza del pueblo bosnio.

Mientras los barcos americanos provocan como matones en el Mar Negro, el fantoche de Sarkozy, que cada día se parece más a Bush, se atreve a advertir a Rusia de que si persiste en defender a sus ciudadanos, su relación con Europa -como si Rusia no fuera Europa- se verá marcada “por muchos años“. Ha estado brillante el embajador ruso en España, Alexander Kuznetsov: “¿A quién le importa?”, ha venido a decir. Rusia está en su derecho a defender sus intereses y los de sus ciudadanos. Por eso, ante la agresiva actitud de Estados Unidos y sus países satélites, puede llegar el momento en que Rusia considere legítimo y necesario, y con razón, responder a la violencia con la violencia. No sé si recordarán cómo se puso el mermado de Kennedy ante la posibilidad de que hubiera misiles soviéticos en Cuba. Pues eso. Esperemos que si llega ese día los países europeos sepan bien lo que les conviene y dejen a Estados Unidos solos en su sucia maniobra.

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