Soy consciente de que a veces no se me entiende, como lo soy de que quien tenga interés en saber lo que pienso, que es posible que alguien lo tenga, debe leer mi blog una buena temporada y a ser posible participar en los comentarios. El que pretenda conocer mis pocas pero escasas ideas a partir de una sola de mis entradas a sueldo de Moscú se arriesga a no lograr sus objetivos, como quien juzgue las intenciones de esta bitácora por su título. Y ello es así, fundamentalmente por mi tendencia a la exageración lingüística y por el uso deliberado que hago de mi forma de escribir como contenido y no simplemente como forma. Es decir, muchas veces lo que quiero decir no está expresado en lo que digo sino en cómo lo digo. A veces mis ideas se expresan en las palabras que las transportan, mientras que en otras ocasiones se ocultan detrás de ellas y lo que quiero decir es dicho por la forma en que están escritas las palabras, al margen de su literalidad. Aún así, nunca digo lo que no quiero decir. A la inteligencia de mis amados lectores dejo el discernimiento de cuándo escribo de una manera y cuándo de la otra.

Claro, esta forma de escribir entraña riesgos.  Algunas personas son y serán siempre incapaces de entenderme, debido a que tienen la capacidad intelectual de una judía verde, ya limpita y cortada como en cuatro o cinco trozos, según el tamaño de la legumbre y el gusto del cocinero. Vamos, que son idiotas de remate. Pero hay otras personas que tienen una elevada capacidad intelectual, poseen además una gran cultura -tanta tienen que sobrepasan incluso la que me adorna a mí mismo- y se comportan como si no me entendieran, como si entendieran lo que no quiero decir, y lo hacen entendiéndome, porque me conocen. Y eso ya me gusta menos, o mejor, me da más pena.

Es lo que ha hecho don EP, uno de los más esporádicos y valorados lectores de este blog en este comentario moscovita y en esta entrada en su propio blog. Llegados a este punto quiero aclarar que esto no es una respuesta a don EP, ya que eso lo he hecho en sendos comentarios de respuesta a los textos citados. Lo que pretendo con esta entrada es aclarar algo que no debería necesitar aclaración, y sobre todo escapar al burdo intento de don EP por hacerme decir lo que no digo sacando de su contexto mis comentarios y mis entradas.

Por eso, quiero avisar a navegantes de que esto no es un periódico, ni lo que hago aquí es periodismo. No informo de nada, y cuando lo hago, no lo hago con pretensiones periodísticas, sino simplemente con intención de contar algo que, por lo que sea, he querido contar. A través de este blog doy a conocer -mejor o peor- mis opiniones a quien quiera conocerlas, pero esto no es un servicio público. De nada sirve que se desgañiten algunos pidiéndome que hable de financiación autonómica, por ejemplo. No lo voy a hacer si no quiero hacerlo, y si quiero hacerlo, lo haré sin necesidad de que me lo pida nadie.

Como Dutton Peabody, el periodista que con su gacetilla The Shinbone Star se enfrentó a las fuerzas de la reacción en El Hombre que mató a Liberty Valance, así yo pretendo enfrentarme asalariado por Moscú a esas mismas fuerzas. El arma de Peabody era la información, la mía es poner de manifiesto las contradicciones no ya del pensamiento reaccionario -que eso me viene grande- sino del comportamiento político de la derecha y aquellos que se comportan políticamente como la derecha quiere que se comporten.

Ya.

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