No sé. Me da la impresión de que el presidente del Gobierno está entrando en una línea neoaznarista preocupante, al menos en lo que respecta a las declaraciones públicas. Miren, que digo yo que si hay que prohibir un partido político, se prohíbe; si hay que violentar la voluntad soberana expresada en elecciones, se violenta; si lo que hay que hacer, en cambio, es cercenar derechos políticos de varios cientos de miles de personas, se cercenan, y si es necesario anular la elegibilidad de centenares de ciudadanos sin que nadie se atreva a acusarles de nada ante tribunal alguno, por natural temor a hacer el más soberano de los ridículos, pues se anula. Es razón de estado, y cuando el estado apela a sus razones, sus razones tendrá el estado, porque nada está más lejos de mi intención que decir que el estado no es razonable. Pero lo que no se debe hacer es ser hipócrita, porque se pierde mucho prestigio.

Y es que, últimamente, una de las cosas que se puede decir del presidente Zapatero sin temor a equivocarnos es que es un hipócrita. Y no un hipócrita pequeñito, sino un hipócrita de tomo y lomo, de padre y muy señor mío, vamos. Lo que he leído esta mañana en Público es algo que raya el neoaznarismo. Ha dicho el señor mandatario, en referencia a ese atropello antidemocrático que es la ilegalización de ANV, y en respuesta al PP, que recibe bien esta medida de déficit democrático, aunque considera que llega tarde, que ilegalizar un partido político “exige el máximo de garantías y se ha actuado desde esta perspectiva”.

Una declaración que no deja de ser asombrosa aunque sea por el sólo hecho de producirse. Si la ilegalización ha corrido a cargo del Tribunal Supremo, que es independiente, no se entiende muy bien que el Presidente del Gobierno dé explicaciones de ella en esa impersonal tercera persona que parece primera simulada -“…se ha actuado…“- y que a modo de lapsus cuestiona la independencia del Tribunal Militante, digo Supremo.

Pero en cuanto a sus contenidos, la declaración de Zapatero también es sorprendente. En primer lugar, porque la sola contingencia de que exista en democracia la posibilidad de ilegalizar un partido político –y mucho más si esa contingencia se usa compulsivamente, como ocurre en España- supone el fracaso de todas las garantías jurídicas y democráticas, ya que priva de sus derechos a miles de ciudadanos a los que no se ha acusado de nada, y en cambio no supone sanción alguna para aquellos que sí pueden haber cometido los delitos o infracciones de los que se acusa al colectivo.

Pero sobre todo sorprende que Zapatero –si no le conociéramos ya, pensaríamos que está siendo irónico- haga referencia precisamente al asunto de las garantías. ¿Qué garantías se han respetado en la ilegalización de ANV? Si el tiempo que han dedicado al estudio del caso los señores jueces militantes del Supremo es el que cuentan los medios, la ilegalización se basa en los prejuicios exclusivamente: varios meses para estudiar las demandas de la fiscalía y de la abogacía del estado, junto a las comparecencias de cuarenta testigos y peritos durante una semana, frente a un solo día -este lunes al parecer- para estudiar las alegaciones presentadas por el partido político que se iba a legalizar. Eso son garantías, señor presidente.

Se puede maquillar como se quiera, pueden callarse cobardemente los militantes socialistas ante este atropello de la razón, del derecho, de la libertad y de la democracia, pero las cosas son como son, y la ilegalización de ANV es una medida claramente antidemocrática, como lo es la Ley de Partidos, ya que supone la merma de los derechos políticos –la inhabilitación activa y pasiva, de hecho- de varios miles de ciudadanos a los que no se ha abierto proceso penal alguno, es decir, a los que no se acusa de nada.

Es, en toda regla, una caza de brujas. Una caza de brujas que hemos de denunciar los verdaderos demócratas, precisamente porque somos demócratas, porque queremos una democracia completa y no mermada, y porque nunca vamos a aceptar una democracia deficitaria como la que están construyendo los gobiernos del PSOE y del PP con el silencio culpable de aquellos de sus militantes y votantes que no comparten estos atropellos.

Ahora se ponen ustedes a llamarme etarra, si les place. Yo, mientras se deciden, me voy a pasear a mis perros y a cenar algo después.

Y mañana, cerramos el ciclo moscovita.

Tagged with →