Isabel II y George Chispas BushNo suelo hablar de economía. Y no por un problema de la economía, que es muy apañada ella, según dicen los que la conocen, sino mío: no sé una palabra sobre ella, la desconozco absolutamente, y si ya tengo cierta tendencia incontrolable a meter la pata cuando hablo de temas de los que algo sé, o eso creo, porque yo soy así, muy echao p´alante, no quiero ni pensar lo que ocurriría en los comentarios si me pusiera a escribir artículos intitulados “Los mimbres de la cesta de la compra“, “Inflación y gas metano, cinco tesis y una síntesis” o “Destapemos ya el mercado negro de objetos de culto“. Sin embargo, para todo hay una excepción, para todo hay una primera vez, y hoy van ustedes a asistir a la primera vez que escribo de economía.

¿Qué me impulsa a ello? Esta crisis cruel que así mina nuestra moral como reduce nuestro poder adquisitivo, y cuando digo “nuestro”, lo digo en toda su inmensidad, en toda su plenitud, porque no me refiero sólo a los que tradicionalmente han sufrido los efectos devastadores de las famosas y cíclicas crisis, es decir a los pobres pobres. No. Ahora, las crisis, al parecer, afectan también a los ricos, a los poderosos, que andan de pronto formándose en las artes y en las técnicas de las que los menesterosos e indocumentados se han valido a lo largo de la historia para despertar lástima en el que algo tiene, al objeto de que algo le caiga. Si anoche vimos al presidente de esa gran nación que son los Estados Unidos de América, George Chispas Bush, el amigo de Josepijo Anzar, pedir lastimosamente dinero de los contribuyentes para los banqueros en caída libre, hoy tenemos que asistir al lamentable espectáculo que ofrece una de las mujeres más ricas del mundo, la Reina Isabel II, toda una testa coronada, pidiendo al gobierno rojo de Mister Gordon Brown un aumento en sus bien merecidos emolumentos para así poder financiar adecuadamente y sin sufrir la merma de la inflación, las actividades de la Corona y el mantenimiento de sus propiedades. Y es que ya se sabe, si es triste pedir, más triste es robar, y ya trabajar, no les digo a ustedes nada de lo extremadamente triste que es, aunque ya se lo figurarán algunos de ustedes. Lamentable, ciertamente lamentable lo mal que le va a la poor Queen.

Mal, muy mal debemos andar si los ricos se sienten inseguros. La seguridad ciudadana, a juicio quienes trabajan en mantenerla, es una variable muy difícil de controlar, porque tiene un importantísimo componente psicológico. Si los habitantes de un barrio o de una ciudad tienen miedo, si se sienten inseguros, es un hecho que hay inseguridad, aunque no se cometa un sólo delito. Con la crisis económica pasa lo mismo. Si se fomenta entre la gente la sensación de inseguridad, de miedo y de inestabilidad, la gente se retrae y se comporta como si hubiera crisis o como si esta fuese más profunda. No lo he leído en ningún sitio, es de sentido común.

Por eso, actitudes como la del presidente Chispas Bush -lo de Her majesty es una anécdota antipática, pero no pasa de ahí- utilizando las instituciones de los Estados Unidos para provocar el miedo a los norteamericanos, en una maniobra claramente electoral perpetrada junto al pobre candidato republicano que tiene nombre de fried potato son en mi opinión de una irresponsabilidad que asusta, aunque son tantas la cosas que asustan de Bush que ésta no es más que una de ellas.