Un espectador objetivo que mire un mapa y contemple lo que está sucediendo hoy, tiene que reconocer que no ya una ciudad, sino todo un país que por el estrecho de Bering linda con Estados Unidos y ocupa una enorme extensión del continente euroasiático, un país que luchó en la Primera Guerra Mundial al lado de las potencias liberales de la época y en la Segunda Guerra Mundial fue un factor decisivo en la destrucción de la poderosa máquina militar nazi, sin cuya derrota no existiría hoy una Europa libre, está siendo cercado militarmente por Estados Unidos, directamente o utilizando la OTAN.

Examinemos fríamente la realidad: la Rusia de hoy ya no se diferencia ideológicamente de Occidente. Seguramente su democracia tiene imperfecciones. Pero ¿acaso EE UU, particular-mente bajo la presidencia de Bush, es una democracia perfecta? ¿Y Guantánamo? ¿Y la supresión del hábeas corpus y los miles de presos sin juzgar durante años por no haber de qué inculparlos? ¿Y las prisiones secretas que los norteamericanos mantienen en países extranjeros, donde se tortura a los presos? Un observador objetivo tiene que reconocer que el conflicto entre Rusia y Occidente no tiene actualmente más causas que las que han provocado la mayor parte de las guerras que ha conocido el mundo: el egoísmo imperialista. Rusia posee petróleo y gas y otras materias primas. Y si se le cerca militarmente es para arrebatárselas.

Lea completo en El País este interesante artículo de don Santiago Carrillo.

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