No sé ustedes, pero yo vivo en un mar de dudas y de contradicciones. Ayer les conté aquí que mis perros y yo estamos consternados con las noticias -ya antiguas, pero uno se entera tarde de todo- de que la multinacional Procter & Gamble, fabricante de casi todas las cosas que pueden ustedes encontrar en sus casas, tanto de limpieza, medicinas, paramedicinas y belleza, como la propia comida de sus mascotas o las pilas de su radio, realiza crueles experimentos con animales -perros y gatos incluidos- en sus centros de investigación. La entrada ha suscitado dos debates (uno, aquí mismo, en Moscú, y el otro en Menéame), y en ellos han surgido numerosos cuestionamientos no tanto a lo que se dice en la entrada, sino a nuestro propio estilo de vida y a nuestra forma de consumir.

Ya me pregunté una vez, hace unos meses si no es terriblemente contradictorio ser defensor de los animales y comer pollo asado o ponerme zapatos de piel. Sinceramente, creo que no lo es, y lo explico en la entrada que acabo de enlazarles. Pero claro, hay más interrogantes, y cada interrogante se corresponde con una contradicción de quien les habla, y de muchos de ustedes, de muchos de nosotros… Quizás no haya contradicción entre comer carne y pescado y ser defensor de los animales, pero sí la hay entre esto último y consumir productos de la industria alimentaria animal, como quizás no haya contradicción entre ser defensor de los animales y usar como vestido y calzado pieles procedentes de animales que han servido de alimento, pero sí la hay entre esto y usar abrigos u otras prendas fabricadas con pieles de animales que sólo han servido para ser despellejados. Y nadie, o muy poca gente se libra de estas contradicciones.

Pero vamos un poco más allá. He pasado buena parte de esta tarde intentando encontrar al respuesta a una pregunta que me ha hecho uno de mis amables lectores: “¿Qué comen sus perros?”. La pregunta viene a cuento de que uno de los productos de Procter  & Gamble es la comida para perros Eukanuba. Me he zambullido en la red, a través del socorrido trampolín de Google a buscar información sobre la marca del pienso de mis perros: Royal Canin. Y ha sido terrible, porque el agitado oleaje de las contradicciones casi me enguye de manera definitiva. Me cuesta encontrar información no publicitaria sobre Royal Canin, pero cuando la encuentro, aparece en una lista de empresas que no experimentan con animales. Respiro aliviado, no tendré que cambiar de marca. Pero ¡ay! en el siguiente resultado de búsqueda, me topo con que Royal Canin no hace experimentos  “agresivos” con animales, pero sí los hace de baja intensidad y fuera de laboratorios y centros de investigación. No me queda claro qué es eso, así que tengo que averiguar.

En las averiguaciones, me topo con un foro en el que unos sujetos que se identifican como veterinarios acusan a Royal Canin de incluir en sus productos conservantes que al parecer son cancerígenos, y un par de intervinientes en el foro aseguran que sus yorkshire terriers hacen “las caquitas” muy blandas, y que por ello, han cambiado de comida. Súbitamente, y sin previo aviso, me aparece un pop up en el que una señorita que dice ser de Madrid y no gasta demasiado en ropa asegura que quiere mantener conmigo algún tipo de relación que no queda del todo clara, pero que no parece demasiado recomendable. Distinguir la información fiable en internet de la no fiable sería muy complicado si no fuese por este tipo de cosas. Cierro el popup e inmediatamente aparece otro de un casino. Cierro. Otra señorita desvergonzada. Control+Alt+Supr, cierro el proceso de firefox y abro uno nuevo.

Empiezo otra búsqueda, y leo un artículo -no les pongo enlaces, porque ha sido un viaje desordenado, y no los he guardado, ya que no tenía intención de escribir sobre ello, en principio- en el que acusan a las empresas fabricantes de mascotas de hacer experimentos destinados a desprestigiar a sus competidoras, y aseguran que muchas de las webs de entidades supuestamente animalistas que hay por ahí son, en realidad tapaderas de los fabricantes de piensos para difundir estos experimentos que, básicamente consisten en demostrar que la comida del competidor, o alguno de sus ingredientes, administrados en cantidades desproporcionadas, perjudica, o incluso mata a los perros. No me lo puedo creer, y pienso que de nuevo he entrado en terrenos poco fiables. Pero esta vez no me lo advierte ninguna señorita ligera de ropa, sino mi propio entendimiento, que ya va estando curtido.

¿Qué podemos consumir? Y no sólo hablo de la comida de nuestras mascotas, que, por dudar, ya dudo de hasta si tenemos derecho a tenerlas. Circulan por ahí listas de productos fabricados por empresas que no experimentan con animales. Está muy bien eso. Ahora hay que asegurarse que esas empresas no emplean a niños chinos o indios, o de cualquier otra nacionalidad, como mano de obra esclava. Después hay que comprobar que se trata de empresas en las que no tienen intereses gobiernos que violan sistemática y masivamente los derechos humanos, posteriormente debes tener cuidado con que la empresa en la que confíes no haya llevado a cabo ninguna deslocalización que haya dejado en el paro a 3.000 europeos para conseguir mano de obra más barata y con menos derechos en Asia. Si consigues encontrar esta empresa virtuosa, debes comprobar que no consiga sus materias primas explotando a los campesinos o a los productores americanos o africanos, que no merme la selva amazónica, que no haga vertidos contaminantes y finalmente hay que tener en cuenta también si financian golpes o no de estado, si llevan a cabo políticas adecuadas de responsabilidad social, si practican la represión sindical, y si facilitan la conciliación de la vida laboral, social y familiar de sus empleadas, sólo por citar algunos ejemplos…

¿Podemos consumir con cierta tranquilidad de conciencia?

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