Quedan en España por detectar cientos de fosas comunes similares donde están los restos de los desaparecidos acusados por el franquismo, desaparecidos para siempre por prosperar el pacto tácito establecido durante de la transición de que demócratas y franquistas liquidacionistas no se tiraran la memoria histórica por la cabeza. Tal vez el censo de desaparecidos y el descubrimiento de estas fosas comunes convenza a los jóvenes militantes en su ignorancia histórica, de la injusticia que cometen cada vez que hablan del franquismo y de la guerra civil como si no fuera con ellos, como si les estuvieran hablando del general Narváez o de las germanías o del problema de sarpullido del cerezo en el Valle del Jerte. Para compensar tanta desmemoria, ojalá el Plan de Humanidades repesque la cuestión del franquismo como un capítulo importante en la historia de la infamia o, si se quiere, en la de la crueldad. Y es que Franco, mis queridos cachorros, fue el padre espiritual de Pinochet, por si ese dato os ayuda a situarlo éticamente.

Lean la columna completa que escribió hace 8 años, rumiándose que quizás hoy no podría, el escritor catalán don manuel Vázquez Montalbán, de cuya existencia -de la columna, que no de su autor- me entero gracias al siempre atento don Emilio.

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