A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

En el suplemento “El Viajero” de El País del pasado sábado 25 de Octubre dedicaron un reportaje a un curioso lugar: Kerala, estado indio que desde 1957 “sufre” gobiernos comunistas. En este lugar se produce uno de los más estimulantes ejemplos que demuestran la innecesaria y cada vez menos frecuente compatibilidad entre crecimiento económico y progreso social. El reportaje, de Eugenia Rico, contiene errores propios del medio recalcitrante en el que fue publicado, como esa afirmación que sitúa a dicho estado como el único lugar del mundo con un gobierno comunista elegido democráticamente, pero no esconde algunas características de esa región del sudoeste indio que refuerzan el ideario anticapitalista.

Como señala Eugenia Rico, Kerala es uno de los estados más pobres de la India aunque, curiosamente, es el estado con un índice de alfabetización más alto y una esperanza de vida mayor. De hecho, el índice de desarrollo humano de dicho estado se sitúa en unos niveles incomparables en esa parte del mundo. El sistema educativo keralí está muy por encima de cualquier otro de la India y hace más de 30 años que organizaciones como UNESCO o UNICEF hablan del “Kerala Model”. La expectativa de vida allí es de 72 años, cuando la media india es de 61. En un estudio de 2005 Kerala aparecía, con holgada diferencia, como el estado menos corrupto de la India.

¿Cómo es posible? ¿Cómo se ha llegado a esta situación política de la que, obviamente, deriva la situación social? La clave se encuentra en un largo historial de luchas sociales que se remonta, al menos, hasta el siglo XIX. No cabe duda de que una de las razones que explican la pobreza de esa región es la solidez anticapitalista que demuestran sus habitantes, materializada en un fortísimo tejido sindical y un poder judicial que, de la mano de las leyes, sintoniza con las demandas de la población. Como explica Akash Kapur en un interesantísimo artículo que encontraréis al pie de estas líneas, el éxito en la consecución del desarrollo por medio de la redistribución se debe a tres medidas políticas decretadas por sus líderes:

  1. Un salario mínimo generoso.
  2. Uno de los sistemas de distribución más eficientes del país, que sostiene una red de tiendas con todo tipo de productos con precios subvencionados.
  3. Un programa de reformas de tierras, aprobado en 1960, acompañado de un fuerte impacto social. Esto se materializó en un ambicioso proyecto que abolía las grandes propiedades y las distribuía entre un millón y medio de antiguos arrendatarios.

Así pues, mientras el gobierno de la India se entrega a liberalización económica, esta región, que posee un PIB per cápita de apenas 1000 dólares (200 dólares menos que la media nacional), presume de un desarrollo y una calidad de vida que desarma a los más listillos. Kerala escribe en mayúsculas aquello de que más vale pájaro en mano (y bien redistribuido) que ciento volando (para unos pocos). De este modo, en aquel curioso estado, se registra el mayor número de consumidores de periódicos de toda la India, casi todos los pueblos disponen de una biblioteca y hay numerosos grupos activistas y asociaciones políticas empeñados en lograr reformas sociales, algo que no admite paralelismos con ningún otro lugar de la India. Un lugar donde las huelgas han sido instrumentos eficaces de cambio político, un lugar en el que los niños (¡y las niñas!, algo infrecuente en el subcontinente indio) van al colegio, un lugar en el que también las mujeres, como consecuencia de su nivel educativo, están más comprometidas con las cuestiones comunitarias, un paraíso para las niñas y los niños, donde se desconoce la locura de los abortos selectivos que en otras regiones vecinas han dejado la proporción entre niños y niñas en un terrorífico 5 a 1. Como nos cuenta Eugenia Rico, si visitamos el palacio de los Marajás de Kerala, podemos ver su austeridad y el relato de cómo ya los marajás invirtieron sobre todo en carreteras, en educación y en salud pública. Un lugar, en definitiva, del que los empresarios consideran que es un buen lugar para vivir, pero un sitio duro para los negocios. Pesadilla de patronales, pesadilla de los ladrones de guante blanco.

Desde La Habana me preguntan: ¿por qué nosotros, que nos identificamos con la voluntad política redistributiva keralí, padecemos una campaña permanente de intoxicación y, en cambio, muy pocos se acuerdan de ese estado indio cuyo ejemplo, por cierto, nos congratula enormemente? Mi respuesta es que sólo me importa que un mensaje cale, y quiero resaltarlo:

Es una vergüenza inadmisible que en este maldito planeta existan multitud de regiones y/o países con mejores datos y condiciones económicas que las de Kerala (generalmente escandalosamente mejores) y, sin embargo, les correspondan unos índices de desarrollo humano y unas condiciones sociales muy inferiores.

(*) In memoriam. Seguro que descansa en paz, SU paz.

Fuentes:

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