Armario1Señoras y señores amigos míos y mías de toda mi consideración: he tomado una decisión importante que se va a materializar en las pocas líneas que siguen a ésta que con curiosidad leen en estos momentos. Voy a salir del armario, así como lo oyen. Es un secreto que he estado guardando demasiado tiempo. Y lo secretos, cuando no se ventilan, cuando no se airean, cuando no se les deja respirar y oxigenarse, se enquistan, se calcifican y terminan pudriéndose, impregnándolo todo de su nauseabundo olor. El secreto que les voy a confesar a continuación es algo que se habrán figurado ya los más perspicaces, los más inteligentes, los más observadores de ustedes, que sin duda han hilado que uno detrás de otro, es raro el sábado por la tarde que les digo a ustedes algo a través de esta afamada bitácora. El sábado por la tarde es el día en que me entrego a este vicio desaforado y sin límites -hasta la fecha oculto, pero hoy felizmente aireado delate de todos ustedes-, aprovechando las largas siestas de la señora de Royo-Villanova. Señoras y señores amigas y amigos míos y mías, lo sábados por la tarde no puedo escribir porque me siento ante el televisor a ver con pasión indisimulada “Cine de barrio”. Los sábados por la tarde, don Lucién es sustituído por don Paco Martinez Soria, don Jorge F. lo es por Marisol, don Surco por Gracita Morales, don Simio por la Mula Francis y don Mitxel por el más español de todos estos hasta ahora clandestinos amigos míos: don Manolo Escobar, y todos juntos, en un alarde de reprimido nacionalismo casposo y español cantamos alegremente ¡Qué viva España! y buscamos ansiosamente por esos caminos de dios el carro de don Manuel, que todavía anda perdido.

Y ustedes me tendrán que perdonar, me voy a ver “Un abuelo made in Spain”, con don Paco Martínez Soria.

Venga... meta ruido por ahí



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