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Unos llevan la fama y otros cardan la lana. España es mundialmente conocida por sus corridas de toros, ya saben ustedes, unos espectáculos sangrientos y crueles -otrosí de aburridísimos- que tenemos a bien organizar en España, espectáculo en el que el toro y el torero luchan en supuesta buena lid -mentira: mueren muchísimos más toros que toreros- y en el que el público acude con el convencimiento de que va a asistir a seis dolorosas muertes ovinas cada tarde, y con suerte a una humana. A los españoles de pro, a los patriotas verdaderos, nos avergüenza que se nos conozca fuera por este tipo de espectáculos, mientras que a los casposos les gustan mucho las corridas y alegan en defensa de su mantenimiento que el toro es un animal noble que nace para morir, que disfruta en la lidia, que si no fuese por la fiesta la especie no existiría, y soplapolleces similares o por el estilo que de ambas formas se puede decir. Pero como decía antes, unos llevan la fama y otros cardan la lana.

Yo no sé cuantos toros mueren en nuestros cosos cada año. Vamos a hacer un cálculo generoso e ignorante. Vamos a poner que cada año se celebren en cada una de las provincias de nuestra amada nación 20 corridas 20 de toros y que en cada festejo mueran seis toros seis, pues en un año, son salvajemente pasados por la espada del maestro matador unos 6.240 animales 6.240, que se dice pronto, aunque si se dice dos veces, como voy haciendo últimamente, se tarda un poco más. Si muere un torero cada diez años -y también creo que soy generoso en este cálculo,- sale una media de 0,1 toreros muertos anualmente. Son sin duda cifras intolerables para un país civilizado, y los países civilizados hacen bien en mirarnos con cierta repulsión y desconfianza y exigirnos que acabemos con tan salvaje tradición.

Levantemos ahora el vuelo de nuestra amada patria y aterricemos en Dinamarca, una próspera y adelantada nación Europea de 5.3 millones de habitantes que, como todos los países nórdicos, tiene fama de país civilizado, aunque quizás un poquito triste. Una nación de gran tradición democrática, muy civilizada, y amante de los animales. Allí terminan muchos de los galgos que se libran de las sogas de los galgueros españoles, en las casas de ciudadanos daneses que no entienden cómo es posible que en España la gente abandone a sus perros cuando se acercan las vacaciones o ahorquen a los galgos cuando ya no sirven para cazar.

Sin embargo, los daneses también tienen lo suyo, y lo suyo es mucho. Ahora vamos a hablar de una curiosa especie de ballenas, los delfines calderón o ballenas piloto.  Se trata de un tipo de delfines no sólo inofensivos sino especialmente inteligentes, que se acercan a los seres humanos sin miedo y con curiosidad. Se pueden encontrar en los océanos Pacífico, Atlántico e Índico, y son especialmente numerosos en las zonas polares y subpolares, aunque no es extraño verlos, por ejemplo, en el estrecho de Gibraltar. Se calcula que en el Atlántico Norte puede haber en torno a un millón de ballenas de este tipo.

Pues bien; en las islas Feroe, un archipiélago situado en el Mar del Norte, entre Escocia e Islandia y que forma parte de Dinamarca como territorio autónomo, cada año matan a entre dos y tres mil de estas ballenas. Las matan en masa, a la vez, y las mata directamente la gente. Se trata de una tradición, como nuestra Fiesta Nacional. Estra tradición simboliza para los adolescentes de las Islas Feroe  su paso a la edad adulta. Se adentran en el mar armados con todo tipo de pinchos, cuchillos y lanzas y aprovechando la natural curiosidad de estas ballenas, que van al encuentro del ser humano, las acuchillan salvajemente hasta la muerte. El mar, cada año se tiñe de sangre como pueden ustedes ver en las fotografía que ilustran esta entrada.

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Y se trata, además, de miles de muertes inútiles. Si bien es cierto que uno de los alimentos tradicionales de los habitantes de las Islas Feroe es la carne de calderón, no es menos cierto que en los últimos años ese consumo ha caído como consecuencia del alto contenido en mercurio que presenta esta carne, lo cual es consecuencia, a su vez del aumento en la contaminación de los mares en los que viven estos cetáceos. Tres mil delfines salvajemente asesinados cada año es, en cualquier caso, un nivel de capturas totalmente desproporcionado para una población de 42.000 personas, que es la que tienen las Islas Feroe.

Así que ya ven ustedes. Si cada español es responsable anual de una diezmilésima parte de la muerte de un toro, cada danés lo es de cinco unidades análogas, pero de ballena. Ya sé que no es una comparación seria, simplemente quiero poner de manifiesto que la crueldad con los animales por motivos culturales no es algoexclusivo de naciones primitivas como la nuestra, sino que en todas partes cuecen habas y matan ballenas piloto.

No sé muy bien qué se puede hacer para parar estas cosas, porque contra los toros -por aquello de la fama que decía al principio- hay cantidad de campañas en activo, pero contra esta atrocidad que les he traído hoy aquí, aparte de algunas páginas informativas no he encontrado nada.

Aquí tienen ustedes la página de la Embajada de Dinamarca en España, en concreto los datos de contacto, por si quieren escribir un correo electrónico protestando por este asunto. Yo ya lo he hecho. Por favor, sean corteses, aunque empleen la ironía. De otra manera, quedaríamos como mendrugos porque seríamos mendrugos.

Así que se admiten más sugerencias. Y por cierto, de este asunto tan desagradable me avisa por correo electrónico mi amigo don Victor Iriarte, que ya está tardando en pasarse por esta villa y corte al objeto de comerse conmigo veinte o veinticuatro pollos asados en Casa Mingo.

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