En Moscú no ganamos para sustos. Después de años sirviendo a los intereses del totalitarismo moscovita con esta magnífica bitácora como tapadera, habíamos conseguido infiltrar al Camarada Prevost en esta otra bitácora para que nos mantuviese informados de lo que ocurre más allá de los límites de la razón (por cierto, y hablando de todo un poco, aquí tienen ustedes la prueba de que en los medios llamados alternativos los niveles de subnormalidad pueden llegar a rozar lo cómico, como los de manipulación en los comerciales lo patético) y sobre todo para que nos diese los horarios de misas de Rouco, que tenemos todos muchas ganas de pillarle y darle una sonora colleja por ir por ahí metiéndose donde no le llaman. Cuál no ha sido la sorpresa en Moscú cuando hemos comprobado que el Camarada Prevost se ha destapado. A estas horas, ya lo habrán fusilado los liberalpinochetistas y se lo estarán comiendo los lobos de la jauría, así que no será necesario limpiar la checa. En fin, en cualquier caso, no tenemos más remedio que, como homenaje póstumo, dar las gracias al Camarada Prevost por los servicios prestados.

Gracias, camarada.

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