A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

Mientras los medios de comunicación atizan el fuego permanente contra Hugo Chávez y la revolución bolivariana, por no hablar del combustible que les proporciona la otra gran revolución caribeña, pasan por alto la dramática realidad de un país al que se considera aliado y un presidente al que se critica (si se hace) con la boca pequeña: Álvaro Uribe, campeón de la parapolítica, cerebro retorcido y sin escrúpulos, dirigente terrorista.

Es difícil concretar el origen de la ignominia y justificar estas duras palabras, pero parece bastante claro que el llamado Frente Nacional, engendrado en Julio de 1956 al abrigo del régimen franquista en Benidorm (España), supuso un punto de inflexión, como nos cuenta Hernando Calvo Ospina*, escritor y periodista colombiano, colaborador permanente de Le Monde Diplomatique:

Con el frente nacional, la oligarquía se autoamnistió de tantos miles de crímenes: se cree que entre 1946 y 1958 fueron asesinados unos 300.000 colombianos, casi todos campesinos. (…) La oligarquía puso varias capas de olvido histórico a su favor. Nadie apareció como responsable de tanto crimen y del desplazamiento de 2 millones de campesinos.

Las FARC y otros grupos guerrilleros, de origen campesino, no nacieron porque sí, para molestar: nacieron para defenderse. Pero hagamos un salto en el tiempo, sin dejar el libro del periodista colombiano:

Tan solo en 1994, último año del gobierno de Gaviria Trujillo, se registraron 4.378 hechos de violencia. De esa cantidad se pudo indentificar a los autores en 2.627 casos, un 60 por 100. De ese porcentaje, los agentes directos del estado, fuerzas armadas y organismos de seguridad, fueron responsables de 2.336 casos, el 88,9 por cien, los agentes indirectos, o paramilitares, lo fueron de 230 casos, el 8,75 por 100, y la insurgencia de 61, o sea 2,3 por 100.

Gaviria Trujillo, a pesar de tan horrendas cifras, que desmienten décadas de propaganda contra los grupos guerrilleros, fue elegido Secretario General de la OEA. Como recuerda Calvo Ospina:

Ni siquiera importó que a un mes de terminar el mandato presidencial (de Gaviria Trujillo), el senador estadounidense John Kerry hubiera declarado al Washington Post que Colombia era una “Narcodemocracia.

Llegados a la presidencia de Uribe (iniciada en 2002), conviene leer con atención lo que el periodista colombiano nos cuenta al respecto:

Aunque todo enfrentamiento militar acarrea el desplazamiento de población no combatiente, la criminalidad y el terror impuestos en los últimos 25 años por las Fuerzas Armadas y sus grupos paramilitares desencadenó una avalancha de desplazados inimaginable. Y así sea mínima, las fuerzas insurgentes también tienen responsabilidad en ello. (En 2003) Colombia era el segundo país con más desplazados del mundo después de Sudán, y por encima de la R.D. del Congo, Angola, Afganistán y Bosnia con una diferencia mediática total. (…). Desde el 7 de Agosto de 2002, hasta el 31 de Diciembre de 2005, 1.011.270 personas han sido desplazadas por razones asociadas al conflicto armado.

El conflicto, nacido de los intereses económicos oligárquicos, también tiene consecuencias políticas:

(…) desde Julio de 2003 hasta fines de Julio de 2004, un promedio de 6 sindicalistas al mes fueron acribillados o desaparecidos. (…) Por tanto, y sólo desde el inicio de la presidencia de Uribe Vélez en el 2002 hasta Junio de 2004, 10.586 personas perdieron la vida a causa de la violencia sociopolítica.

¿Y qué es lo que se deriva de tan siniestra historia? Continuemos leyendo:

Colombia tiene 44 millones de habitantes, de los cuales 29 millones están en la pobreza. El 27 por 100 vive con menos de un dólar por día y 10,8 millones están en la indigencia. El programa mundial de alimentos de la ONU (PMA) ubicó a Colombia como el quinto país en el mundo que más ciudadanos tiene soportando hambre: más de 5,5 millones de personas. Según el instituto colombiano de bienestar familiar, en el país muere una persona cada dos días por hambre (1).

Hernando Calvo Ospina, con el tono moderado que le caracteriza, concluye con aseveraciones como éstas:

“Vamos bien”, insistió el presidente Pastrana Arango, y Uribe Vélez no cambió una letra de esas dos palabras, mientras la mortalidad infantil se multiplicaba por el hambre y la falta de una mínima atención sanitaria. “Vamos bien”, lo puede decir ese 10 por 100 del sector más rico del país que concentra el 45 por 100 de los ingresos totales. (…) La falta de justicia social, ese otro terrorismo de Estado que asesina mucho más, en silencio y completa impunidad.

Por no hablar de las graves agresiones al derecho internacional por parte del gobierno de Uribe, como cuando en Diciembre de 2004 unos militares colombianos se introdujeron ilegalmente en Venezuela y secuestraron al que se consideraba canciller y negociador de las FARC, Rodrigo Granda. La última muestra de esta curiosa forma de entender la soberanía de otras naciones sucedió recientemente, cuando el ejército colombiano bombardeó un campamento de las FARC situado en territorio ecuatoriano sin resguardo legal alguno, a espaldas del gobierno de Rafael Correa.

Para entender mejor la clase de personajes que dirigen los destinos de Colombia y el sentido de la importancia adquirida por los medios de comunicación modernos, convendría centrar la atención en la figura del vicepresidente y mano derecha de Uribe, Don Francisco Santos Calderón, cuya familia ha sido accionista mayoritaria del diario El Tiempo de Bogotá hasta 2007. ¿Se imaginan a la vicepresidenta del gobierno español, propietaria del diario de mayor tirada, en el que se afirmasen cosas como éstas? Leamos:

No hay duda de la tenacidad con que se dicen socialistas Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa. Pero la tenemos, y muy grande, de que lo sean realmente. Y para no andar con manoletinas, diremos de una vez que andan lejos del socialismo los compadres, y en cambio plenamente identificados en su andar con el nazismo y un poco más con el fascismo de Mussolini.

Desde La Habana me preguntan si es necesario preguntar algo porque, según me dicen, se entiende todo. Mi respuesta es que mientras los medios de comunicación nos acribillan sin descanso y casi a diario con todo tipo de informaciones peyorativas sobre ciertos presidentes de América Latina, mientras nos repiten una y otra vez que son una peligrosa amenaza regional, resulta que nadie dice ni mu sobre el que realmente merece dichas acusaciones, el presidente colombiano,  aliado del imperio que puede pasearse por Moncloa o por la Casa Blanca como Pedro por su casa.

Álvaro Uribe Vélez, señoras y señores, al que los medios tratan con denodada exquisitez, pasando de puntillas sobre sus más que presuntas responsabilidades por delitos de lesa humanidad, con algunos familiares enjuiciados por delitos relacionados con el paramilitarismo y el narcotráfico, medios que minimizan sus ansias de perpetuación, su frenética espiral de sinrazón.

A nadie le mosquea todo lo que sucede en Colombia pero a todo el mundo le indigna algo que, en cambio, no sucede en países como Venezuela, Bolivia o Ecuador. Es el éxito de Falsimedia. ¿O alguien tiene la cara dura de creer, tras leer algunos de estos datos, que los medios de comunicación masivos tratan equilibradamente la realidad colombiana?

* Colombia, laboratorio de embrujos, Ed. Foca 2008.

(1) Aquí se puede consultar el último boletín de Programa Mundial de Alimentos (PMA) en Colombia, correspondiente al tercer trimestre de 2008.

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