ObamaSe pregunta don Arsenio Escolar, en una entrada tan corta como puesta en razón si en España sería posible un presidente gitano. La respuesta nos la da el primer comentarista de tal entrada: “Si respeta las costumbres ESPAÑOLAS…” dice el muy cafre. Esto viene al caso de que un negro -no un afroamericano, ni un ciudadano de color, ni leches, que estoy ya un poco payá de la corección política-, un negro, como Nelson Mandela, como Luther King, pero también como Obiang Ngema e Idi Amin, ha ganado las elecciones de los Estados Unidos, un país que ayer giró desde la extrema derecha hacia la derecha dura. Ha dicho Arístegui que Obama está a la derecha del PP y yo no lo niego.

Porque no nos engañemos, ese giro es el que se ha producido en Estados Unidos; que ni van a parar las matanzas de civiles en Afganistán, ni va a cesar el saqueo de Irak, a pesar de que pocos días antes de la toma de posesión de Barack Obama en enero caducará la autorización de Naciones Unidas que tienen las tropas de EEUU para estar allí. Por supuesto, el presidente negro no va a rebajar ni un poquito el apoyo que dan los Estados Unidos a ese estado terrorista que no tiene derecho a existir -nunca me cansaré de decirlo- que se llama Israel, ni van a dejar de agredir a naciones soberanas que les puedan molestar, como han hecho a lo largo de toda su historia reciente, como no cesó de hacerlo Bill Clinton, el último presidente simpático que tuvieron los norteamericanos.

Porque a eso se reduce todo, a ser simpático y educado. Es una cuestión de formas. Lo cual ya es bastante. No sé si recordarán ustedes que cuando en España en 2004 la extrema derecha perdió las elecciones pusieron en marcha un tremendo bulo, en colaboración con la Iglesia y su emisora de radio, en el que acusaron al partido que les ganó de estar detrás del mayor atentado terrorista que ha sufrido España, con la complicidad de policías y guardias civiles. Cuando escuché ayer el ejemplar discurso de McCain, el conservador simpatico, reconociendo la victoria de Obama, no pude evitar sentir cierta envidia: calificó el resultado como histórico, y dijo que era una gran noticia para su país. Ni rastro de tramas ni conspiraciones sobre el 11-S. Incluso Bush ha estado simpático y ha dicho que el resultado de ayer es el resultado de décadas de trabajo por los derechos civiles y que está deseando ver entrar a Obama, a su “encantadora” mujer y a sus “adorables” hijas en la Casa Blanca.

En fin, espero equivocarme, pero no puedo evitar sentir cierta vergüenza ajena ante la ingenua euforia de ciertos sectores de la izquierda por la victoria de Barack Obama, un candidato cuyos principales valores son ser negro, ser simpático y no tener abuela. No va a cambiar nada. Es un presidente negro.

También lo fue Idi Amin.

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