A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

Se veía venir. Durante los últimos años, durante las últimas legislaturas, toda España ha observado la irrefrenable caída libre de Izquierda Unida. Soy de los que piensan que todavía no lo ha tocado, pero por agarrarme a un eje sobre el que hacer girar este escrito, diré una mentira piadosa, una inexactitud que, no obstante, se acerca a la verdad: lo ha tocado, IU ha tocado fondo. De ahí se puede extraer una lectura positiva más que obvia, pues lo que ha tocado fondo no puede caer más, aunque dicha conclusión no debería llevarnos a pensar que necesariamente le toque subir.

IU está lista para el desguace, preparada para su último suspiro por dos razones, entre otras que se nos podrían ocurrir, pero por dos en especial:

1. Por haber dejado de ser paulatinamente un partido de Izquierdas para ser un partido simpático de centro-izquierda.

2. Por culpa de la coyuntura neoliberal/capitalista de nuestro tiempo, narcótico de las masas.

La primera razón es obvia, salvo para la mayoría de interesados, la militancia de tan insigne partido. Es una obviedad de manual que IU está a la izquierda del PSOE, pero eso no significa que esté en la Izquierda, así, con mayúscula. Sí, vale, ¿qué es la Izquierda? Si algo puedo asegurar es que IU no lo es. Un partido que ha dado su apoyo a la derecha socialdemócrata no puede ser de izquierdas. Un partido que no es anticapitalista no puede ser de izquierdas, e IU no es anticapitalista.

La segunda razón no debe servir de excusa, pero está ahí y no se le puede dar la espalda: en un mundo controlado por los grandes poderes económicos, que tienen maniatados a los poderes políticos mientras se divierten con sus armas de destrucción masiva (de conciencias) conocidas como medios de (in)comunicación, la polarización bipartidista se convierte en una fuerza incontestable que arrasa con los más pequeños, que se ceba con los más modestos. Las masas estamos bajo el control de estos poderes, incapaces de rebelarnos contra el paradigma del consumo, incapaces de ser críticos con la realidad capitalista en la que vivimos, incapaces de pensar por nosotros mismos.

Pero todo esto no son más que bagatelas que escribo porque en el fondo soy víctima del paradigma en el que estamos inmersos, esa especie de confabulación mental que nos tiene a la mayoría hipnotizados. El politburó del PCC, que paga mi salario, acude raudo para proponerme una reflexión necesaria. Desde La Habana me preguntan: ¿por qué no mandáis al carajo el sistema de partidos políticos y edificáis algo desde abajo, desde la sociedad, desde las comunidades, algo verdaderamente democrático? ¿Por qué no dejáis de confundir ‘democracia’ con ‘lucha de partidos’? Mi respuesta, que no enviará al carajo a los partidos sino que lo hará con lo escrito en los párrafos precedentes, con ese paradigma que nos encadena, es que los seres humanos necesitamos que las élites decidan por nosotros para de este modo poder dedicarnos a consumir o a obedecer, que es lo mismo, y así evitarnos la involucración real en política porque “eso no va con nosotros”, que diría el ciudadano común, porque preferimos delegar o, mejor dicho, porque aceptamos que nos obliguen a delegar y, cuando algo no va con nosotros, cuando no permitimos que dirijan nuestra voluntad política, nos encontramos atados de pies y manos por dichas élites. De ahí que, en el caso de las “democracias” occidentales, permanezcamos gravísimamente afectados por un virus denominado partidocracia del que IU forma parte. Renqueante, pero parte.

En este contexto, el mensaje de un partido de izquierdas, necesariamente anticapitalista, antinacionalista, profundamente humanista y, sin temor a contradecirme, anti individualista, es mucho más (o menos) que una gota de agua en el desierto; el ‘yo bebí, que diría el sediento que consiguió esa gota, es como el ‘nosotros influimos en las políticas del PSOE, llevándolas (más) a la izquierda’ de los eslabones renqueantes de turno. Ni la gota colma la sed ni el PSOE se dirige a la izquierda, y de ilusión no se vive, aunque el tópico diga lo contrario, porque ese mensaje, esa gota, esa tendencia a pretender escorar hacia la izquierda a parte de las élites, no deja de representar a un eterno retorno muy nietzscheniano, un eterno más de lo mismo, no deja de representar lo que unos cuantos quieren que represente, nuestra finiquitación como Ciudadanos, si es que en algún momento lo habíamos llegado a ser.

Venga... meta ruido por ahí



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