A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

La Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE desde ahora), nacida en 1924, es un ejemplo palmario de lo que representa y significa la parte más oscura del capitalismo, que es oscuro de por sí, a priori, en esencia. Los años 90 del pasado siglo llegaron con nuevos vientos que soplaban desde los cielos liberalizadores, los mismos que en este 2008 han demostrado tener menos de cielo que de infierno. Telefónica sufrió entonces una ola privatizadora, inciada por el gobierno de derechas de Felipe González y culminada por el gobierno neofascista de José María Aznar (1).

La ola privatizadora, no sólo de la CTNE, dejó en evidencia al inconsciente calado rapaz de muchísimos españoles que, codiciosos ante la promesa de ganancias infinitas, víctimas de ensoñaciones neoburguesas, participaron del festín privatizador. Fue precisamente entonces cuando se comenzó a gestar la solución a la crisis actual del sistema financiero, cuando todos (2) empezamos a pagar esta crisis, que en el fondo es una crisis permanente, producto de los excesos de los grandes y casi únicos beneficiados  del sistema: bancos, corporaciones y, en definitiva, los que juegan con ventaja en esa partida capitalista que se desarrolla con las cartas marcadas. Como es obvio, algunos sacaron tajada del percal, fruto de viejas amistades y cierta capacidad estratégica.

El inicio de la era de la telefonía móvil e internet coincidió con la rendición y entrega del principal operador al capital privado, con la transformación de un hipotético servicio público en un negocio regentado por unas élites que se han hecho literalmente de oro gracias a unos beneficios desorbitados, financiados por la masa, entre la que se cuentan los particulares que compraron acciones de la CTNE en los 90, y gracias al vergonzoso saqueo perpetrado en latinoamérica, favorecido y gestionado por las oligarquías locales allí donde se produjo.

Así pues, con el paso de los años y la revolución tecnológica vivida, hemos llegado hasta un punto en el que se está completando el ciclo de pagos de la crisis, el ciclo de financiación de los grandes poderes económicos surgidos de las subastas de los servicios públicos de antaño, meros negocios despiadados de hoy. De ahí que sea normal que, por ejemplo, lo que debería ser un servicio de acceso gratuito para todo el mundo y fuente de progreso, comunicación y modernidad, eje indiscutible de avance social, se haya convertido en la gallina de los huevos de oro de unos pocos, sedientos de beneficios, corrompidos por las más extremas cotas de avaricia o, en definitiva, esclavos de la mentalidad capitalista, de modo que no sorprenden noticias como éstas que recojo a continuación:

La CMT cierra la red WiFi del ayuntamiento de Barcelona. Un ejemplo entre tantos, que demuestra hasta que punto los poderes políticos defienden a los grandes poderes económicos y practican políticas antisociales, con la excusa o coartada de unas leyes que, oh curiosidad, ellos mismos crearon.

Condenados a no tener internet. Otro ejemplo más en el que se pone de manifiesto la defensa de las corporaciones en detrimento de una sociedad a la que le paran los pies sin demora cuando se atreve a proponer o ejecutar soluciones a los problemas que ni las grandes administraciones ni mucho menos esas corporaciones se molestan siquiera en considerar.

De aquellos polvos estos lodos. Ahora, cuando por ejemplo sólo el 1.6% de las ciudades tienen licencia WiFi, porque tienen, porque tenemos todos nosotros las manos atadas, es ahora precisamente cuando empieza a ser evidente que nos tomaron el pelo, que hicieron un grandísimo negocio, que se forraron hasta el insulto, que nos han estado chupando la sangre, la siguen chupando y lo seguirán haciendo, porque quieren más y nunca tienen suficiente, siempre con el beneplácito y aquiescencia de la clase política lacaya a la que mayoritariamente hemos votado.

Por eso tenemos lo que nos merecemos, la telefonía que nos merecemos: nuestra Merefónica.

Desde La Habana me preguntan: ¿qué podéis hacer? Mi respuesta es que no podemos hacer nada que pase por la partitocracia gobernante. Sólo se me ocurre la utopía de siempre: tomar el Palacio de invierno, que ya no es de piedra, sino que está formando por unos y ceros.

Notas:

(1) No quisiera ser malinterpretado. Cuando digo que el gobierno de Felipe González era de derechas lo digo porque era así, porque ser de derechas implica una serie de cosas entre las que destacan las políticas económicas, por mucho que la militancia del partido politico del que nacía dicho gobierno se sienta de izquierdas. Por otro lado, cuando señalo al gobierno del PP como gobierno neofascista, quiero decir que es un gobierno que fomentó, participó y apoyó las políticas genocidas imperialistas que culminaron con las guerras de Irak y Afganistán, en las que ya han muerto más de 1 millón de personas. No me refiero tanto a un neofascismo de cariz político interno, a una suerte de fascio di combattimento reverdecido, como a uno externalizado y puramente criminal, fruto de una malsana mezcla de egocentrismo, ambición desmedida e intereses económicos neocolonialistas lubricados con una monumental falta de respeto por los seres humanos.

(2) Los de siempre, off course.

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